Un debate creciente se viene desarrollando en torno a la
privatización del agua, con bandos fuertes a favor
y en contra. Sin embargo, debo admitir que ninguno de los
argumentos me ha convencido hasta el momento. Aquí
una crítica a ambos, y un intento de proponer algunas
preguntas que nos permitan avanzar.
Antes
de discutir los argumentos, déjenme precisar mis
dudas y diferenciar los puntos en discusión. Creo
que hay dos niveles distintos de privatización versus
dominio público del agua. Uno se refiere a la propiedad
del agua y la capacidad de regular su uso. Algunas versiones
neoliberales promueven que el agua sea sujeto de propiedad,
como ha sucedido en Chile. Creo que esas posiciones extremas
han mostrado enormes problemas y además sería
muy difícil de operar con un mínimo grado
de transparencia y justicia en un país con bajo grado
de institucionalidad como el Perú. Puede discutirse
más a fondo sobre esto, pero a mi me parece que sostener
este tipo de régimen privado del agua es absurdo,
dadas sus altas externalidades que dependen del uso que
se le dé, y además que el agua es un derecho
humano y las condiciones de equidad en su acceso son particularmente
importantes.
Quiero por ello concentrarme en el otro tipo de privatización
que se discute ahora: la privatización de empresas
que prestan el servicio de agua potable y alcantarillado
en las ciudades, obteniendo una concesión regulada
sobre el uso del agua con tal fin.
A favor de la privatización
Entiendo que los principales argumentos a favor de la privatización
son: 1) que hay mucha gente sin acceso al agua; 2) que en
las ciudades los pobres pagan más por el agua debido
a que la compran a los aguateros, que lo que pagarían
a empresas privadas; 3) que hay que hacer grandes inversiones;
4) que la empresa pública es ineficiente y la empresa
privada es más eficiente.
El punto 1 es parte de un diagnóstico correcto, pero
ello no dice nada respecto de que la privatización
sea la solución o más bien genere el agravamiento
del problema. Sólo plantea la necesidad de abordar
urgentemente este problema.
Respecto a que el abastecimiento por red de agua por una
empresa privada sería más barato que por aguateros
(punto 2), eso es verdad, pero la comparación no
es necesariamente esa, ya que muchos asentamientos humanos
han logrado agua con Sedapal o EPS locales. ¿Por
qué eso no puede suceder para el resto? Tal vez,
el agua con una empresa privada sea más barata que
con el aguatero, pero más cara que con una empresa
pública.
El
punto 3 puede ser verdad, pero tampoco implica la necesidad
de una privatización. En varios casos de privatizaciones,
entre otros el Aeropuerto, la concesión de la Av.
Faucett, el financiamiento se obtiene de las propias tarifas
y de poner como garantía el proyecto ante los bancos.
Esto es algo que perfectamente puede hacer una empresa pública
bien manejada (y hasta una no tan bien manejada, como lo
expresan los créditos blandos obtenidos por Sedapal
con el gobierno japonés – aunque esos vienen
de la época fujimorista). También es perfectamente
posible, como se ha hecho en Sedapal, hacer una concesión
parcial por un proyecto de captación de aguas (aunque
es más difícil privatizar parte de la red
de distribución, que requiere un manejo unificado).
Finalmente, el punto 4 no es una verdad absoluta. Muchos
países tienen empresas públicas perfectamente
eficientes. Además, no es tan fácil pensar
que en este caso una empresa privada funcionaría
de manera tan “privada” como en otros rubros:
¿si la empresa privada de agua quiebra, dejaríamos
que cierre sus puertas y remate sus activos? ¿no
es evidente que una empresa de agua simplemente “no
puede quebrar”, que será siempre rescatada
por el Estado? Por otro lado, las empresas privadas de agua
son un monopolio que tiene el poder en el mercado para cobrar
precios muy altos, tienen un enorme poder económico
que les permite presionar a los gobiernos por condiciones
especialmente ventajosas en la regulación, como se
ha visto en el Perú con la Telefónica y las
empresas eléctricas. En ese contexto, una empresa
privada de agua puede ser muy eficiente desde el punto de
vista privado pero muy ineficiente desde el punto de vista
público, cobrado altas tarifas y obteniendo ganancias
extraordinarias.
En contra de la privatización
En
contra de la privatización del agua, se sostiene:
1) que el agua es un derecho humano básico y por
tanto no puede ser sometido al mercado, 2) que las empresas
privadas siempre elevan mucho las tarifas impidiendo el
acceso de los pobres; 3) que las experiencias de Bolivia
y Argentina han sido malas.
Concuerdo en que el agua es un derecho humano básico
y que su regulación debe ser realizada por el estado
debido a que afecta muchas actividades humanas, económicas
y sociales, a distintos niveles con altas externalidades.
Pero a mi entender eso no impide que el servicio de captar,
potabilizar y distribuir el agua en una ciudad pueda ser
provisto por una empresa privada bajo condiciones bien delimitadas
y regulación pública. Las carreteras también
deben ser planificadas, diseñadas, financiadas y
reguladas por el estado, pero pueden perfectamente ser construidas
por empresas privadas. Las comunicaciones y la electricidad
también son un derecho humano básico, también
son fundamentales en la sociedad moderna y también
tienen muchas externalidades, pero también pueden
ser provistas por empresas privadas. Hasta los servicios
de salud, en países con sistemas públicos
muy sólidos como en Canadá, Holanda y ahora
Reino Unido (Inglaterra), pueden ser provistos de manera
privada.
Por cierto, habría que añadir que es posible
que en un servicio provisto por una empresa privada que
haya subsidios de diverso tipo. En el Perú, la electricidad
y las comunicaciones tienen subsidios cruzados mediante
los cuales los consumidores de mayores ingresos subsidian
a los pobres. Tanto el FITEL como el Fondo de Energía
son subsidios limitados y con debilidades, pero existen.
Podría haber subsidios más extendidos o más
focalizados, cruzados (financiados por tarifas mayores a
otros sectores) o sustentados por el tesoro público
o por rentas municipales o regionales. Esa es una decisión
de política que puede tomarse independientemente
de que la empresa sea privada o pública.
Sobre
el punto 2, esto tampoco es tan seguro. Es verdad que las
empresas privadas añadirán de todas maneras
su margen de ganancia, pero las empresas públicas
pueden tener grandes ineficiencias. De hecho, las EPS (empresas
públicas) que proveen el agua en varias regiones
han sido modelos de ineficiencia, han sido utilizadas polítiqueramente
de la peor manera, no han mantenido ni ampliado el servicio
y están en crisis. También es verdad que la
privatización de las telecomunicaciones y la electricidad
en Perú ha permitido ampliar sustancialmente la cobertura
de esos servicios, incluso hacia sectores pobres, y que
los esquemas de subsidios aplicados han favorecido que el
servicio se amplíe aún más. Diciendo
eso no estoy desconociendo que estas empresas operan en
condiciones monopólicas con tarifas muy favorables
que deberían disminuir; por el contrario, lamentablemente
es lógico que a mayores tarifas, mayor el incentivo
para que presten más y mejores servicios.
Finalmente, que la experiencia de Bolivia y Argentina ha
sido mala parece ser verdad, pero también es verdad
que la experiencia peruana con las EPS ha sido mala. Buscando
ejemplos de un lado u otro creo que no llegamos a ningún
lado.
Sobre la actuación del estado, su relación
con la empresa privada y como mejorarla
¿Cuál es el punto? Desde mi punto de vista,
la cuestión es cuál es el marco institucional
más adecuado para lograr un servicio en que la combinación
de calidad, precio y cobertura sea la óptima.
En el caso de la empresa privada, esto tiene en el Perú
el siguiente problema central: la regulación del
estado está sujeta a presiones por parte de las empresas
privadas, lo que en la teoría económica se
llama la “captura del regulador”. Estas empresas
privadas, hoy en teléfonos y electricidad, tienen
un enorme poder económico porque mueven cientos o
miles de millones de dólares anuales, tienen presupuestos
de publicidad gigantescos (en particular la telefonía),
pagan cientos de miles de dólares en consultorías
y tienen relaciones privilegiadas con los países
desarrollados de donde son oriundas. Por el otro lado, tenemos
una población peruana desconfiada, sin partidos políticos
ni organizaciones de la sociedad civil fuertes, con poca
capacidad de análisis y movilización. En esta
situación, as empresas tienen un enorme poder para
lograr que las regulaciones les sean favorables
Es evidente que esa misma situación se repetiría
en el caso de privatizarse Sedapal en Lima. ¿Sería
aun más grave en provincias? Empresas de este nivel
son más pequeñas y de alguna manera puede
hacerse benchmarking entre ellas, es decir, compararlas
unas contra otras. Si el regulador fueran los municipios,
que son débiles, el problema sería mayor,
pero es posible que la SUNASS sí tenga más
fuerza para tenerlas mejor reguladas.
Por otro lado, las empresas municipales de agua, las EPS,
en general parece que no han dado buenos resultados. Pero
habría que realizar un análisis más
detallado y buscar los casos exitosos. Particularmente,
siempre me ha llamado la atención el contraste entre
un fracaso generalizado en la experiencia de las empresas
municipales de agua – las EPS – y el éxito
generalizado en las empresas municipales de crédito
– las Cajas Municipales-. Ambas municipales, resultados
contrastantes. Incluso, debe anotarse que el servicio del
agua es un servicio bastante homogéneo y por eso
más fácil de controlar y hacer transparente;
mientras que el crédito demanda necesariamente un
análisis cliente por cliente, y es por eso mucho
más difícil de controlar y transparentar.
A pesar de lo cual, la experiencia exitosa es la de crédito
y no la de agua.
Cabe
preguntarse, también, en que caso ha habido efectivamente
más control público, si el caso de Sedapal
o en el caso de Telefónica o las empresas eléctricas.
Entendamos claramente que control público no quiere
decir control por parte de burócratas, sino una dirección
que le rinda cuentas a la ciudadanía y que responda
a los intereses de la población y no a intereses
privados. A mi no me resulta obvio que Sedapal esté
sometida a más control público que Telefónica.
Las tarifas de teléfonos generan un amplio debate
ciudadano, una comisión del Congreso fiscaliza, hay
un supervisor con un directorio plural.
Es verdad que por otro lado no sabemos como gasta en publicidad
Telefónica, a qué políticos compra
y por cuánto, etc. Pero en el caso de Sedapal, hay
una enorme opacidad en su gestión. Licita sumas enormes
en construcciones que quién sabe como se adjudicarán.
Llena su planilla y niveles gerenciales con dirigentes de
Perú Posible, probablemente dedicados a la campaña
de Bruce y a mover ”la portátil”. Su
gestión es tan pobre que yo puedo pagar teléfono
y luz por internet, pero no puedo hacer lo mismo con el
agua. Es verdad que, en el papel, por ser una empresa pública
está sometida a la Contraloría, al Congreso,
etc, pero ¿eso se hace efectivo alguna vez? ¿no
es cierto acaso que ese control se ha hecho muy esporádicamente,
de manera muy insuficiente? ¿alguien estaría
dispuesto a apostar que su manejo ha sido no corrupto, eficiente
y respondiendo al interés ciudadano, alguna vez en
su historia? Yo no.
Preguntas y sugerencias
Como se ve, soy bastante crítico de ambas posturas,
la privatista y la anti-privatista, tal como creo están
formuladas hasta ahora. Los privatistas, deberían
responder cómo hacer para evitar los problemas de
tarifas excesivas y abuso en telecomunicaciones y electricidad,
y deberían probar- en esos rubros – qué
funciona. También deberían hacer transparentes
las condiciones que se proponen: qué tarifas habrían,
qué requerimientos se pondrían en la concesión,
cuántas nuevas conexiones se lograrían, y
cómo se resolvería el problema de quienes
no tienen dinero suficiente para pagar el servicio, entre
otros.
Los anti-privatistas deberían hacer un balance más
claro de por qué no funcionan bien las empresas públicas
de agua; en particular las empresas municipales, ya que
buena parte de los anti-privatistas son también pro-descentralizadores.
Creo que simplemente echarle la culpa al Ministerio de Economía
por “neoliberal”, por no permitirles subir las
tarifas y gastar como quieren, es absurdo (¿por qué
deberíamos favorecer esta alza de tarifas, que es
el argumento para oponerse a la privatización?).
También deberían proponer algunas soluciones
prácticas y concretas, que no se remitan al “gran
cambio” que hará que “el estado funcione
bien” y la “participación ciudadana logre
el control social del agua”. Y por cierto, no deberían
confundir los intereses de los trabajadores de las empresas
de agua y los burócratas que las dirigen, con los
intereses de toda la ciudadanía.
Junio 2005
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