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El consumo de agua en el mundo es enormemente inequitativo.
Un habitante de EE.UU. consume entre 250 y 300 litros promedio
de agua diariamente. Sin embargo, en Somalia sobreviven
con menos de 9 litros.
Del
volúmen total del agua mundial solo el 3% es dulce
y solo la mitad es potable. El agua potable no debe poseer
materias orgánicas, gérmenes patógenos
ni sustancias químicas. En la Argentina el agua que
se consume proviene en su mayoría de los lugares
donde son eliminados los residuos cloacales e industriales.
Superando largamente la cifras de materiales pesados, bacteria,
nitratos e hidrocarburos considerados peligrosos.
Los ríos de la Plata, Carcaraña, Paraná,
Salado del Norte, salado del Sur y colorado se encuentran
entre los más contaminados del mundo. El lago San
Roque que abastece de agua a la ciudad de Córdoba,
tiene problemas de eutrofización. Esto significa
que las aguas son ricas en nutrientes, al haber en exceso,
crecen plantas y otros organismos que cuando mueren se pudren
y disminuyen la calidad del agua.
En la provincia de Buenos Aires, en la cuenca del Riachuelo-Matanza,
solo el 45% de los habitantes posee cloacas. Y solo el 65%
tiene agua potable. Alrededor 3.000 empresas vuelcan a diario
sus residuos tóxicos, sólidos o líquidos.
El 30% de la contaminación es aportado por la industria
farmacéutica, química y petroquímica.
La industria de bebidas alcohólicas y curtiembres
el 3%, esto sumado a los afluentes cloacales. Esta cuenca
recibe diariamente 368.000 metros cúbicos de residuos
industriales que representa el doble del caudal mínimo
promedio del río.
El barro del Riachuelo posee grandes concentraciones de
cromo, cobre, mercurio, zinc y plomo. Encontrándose
las mayores concentraciones en Avellaneda y Lanús.
En la zona de Beriso-Ensenada las aguas y los sedimentos
están repletos de benceno, naftaleno, antraceno,
tolueno residuos que son producidos por las destilerías
e industrias petroquímicas.
El acuífero Puelche tiene diferentes grados de contaminación
con nitratos y bacterias coliformes. La concentración
de nitrato y tolueno es tres veces mayor a los limites permitidos.
El Puelche se extiende desde la mitad de la provincia de
Santa Fé, este de Córdoba y NE de Buenos Aires
hasta la Bahía de Samborombón. Hacia Córdoba
se vuelve salado y hacia el Paraná es dulce. . (Aguas
que lloran por los humanos-Cristian Frers)
Se calcula que el 60% de la contaminación del río
Reconquista se debe a las aguas que recibe del Arroyo Morón,
en el cual desaguan una gran cantidad de industrias. Presentando
falta de oxigeno y exceso de materia orgánica con
altos niveles de cromo y nitrógeno.
Los habitantes de Villaguay en Entre Ríos están
sufriendo las consecuencias de la utilización de
endolsulfan. Esta sustancia es utilizada por los grandes
productores de soja transgénica para combatir la
chinche verde y las lagartas."Hay varios niños
que se han bañado en lagunas y arroyos linderos,
que tienen la piel toda lastimada, como si les hubiera agarrado
hongos. Hay peces muertos en muchos arroyos y lagunas"
(fuente Red de Acción en plaguicidas y sus alternativas
para América Latina)
"Después de silencios cómplices y abandonos
dolosos, las "aguas" del Riachuelo siguen bajando
negras y macabramente contaminadas. Lo único que
goza de buena salud es el olvido. Cualquier río es
fuente de vida, pero el que nos ocupa es sinónimo
de muerte, hoy induce silenciosamente el doble de fallecimientos
en niños de los partidos de la cuenca en la Provincia
de Buenos Aires, y en los barrios de La Boca. Barracas y
Villa Lugano de Capital Federal, respecto del promedio de
toda la Ciudad de Buenos Aires." (Asociación
Vecinos de la Boca)
En Neuquen más precisamente en San Martín
de los Andes las comunidades mapuches Vera, Curruhuinca
y Cayún realizaron varios cortes de rutas en el 2002.
El motivo de estas protestas se originó en la desidia
del concesionario del Cerro Chapelco. Que vertía
efluentes cloacales en los arroyos que abastecían
de agua a las comunidades.
La Cámara Ecológica y Sanidad Ambiental formula
oposición al otorgamiento, por parte de Hidráulica,
de la concesión de agua para el emprendimiento minero
"Veladero" en la provincia de San Juan, de la
Minera Argentina Gold S.A. "Nuestra agua y nuestras
reservas son inalienables del patrimonio provincial. Es
nuestro deber guardarla y conservarla...", responsabilizando
a los funcionarios de Hidráulica, "que deben
saber y ser conscientes que nuestras reservas, glaciares,
ríos, vegas y demás fuentes, tienen un valor
muchísimo más grande que el propio yacimiento
que se pretende explotar."
El mundo del agua privatizada está mayoritariamente
dominado por dos empresas multinacionales de origen francés:
la Suez (previamente Suez Lyonaisse des Eaux), con ganancias
asociadas al agua que ascendieron en 2001 a U$S 9.000 millones,
y Vivendi Universal, con ganancias en el mismo rubro y el
mismo período que ascendieron a U$S 12.200 millones.
Ambas empresas figuran entre las 100 mayores del mundo,
según el Global Fortune 500, y conjuntamente son
dueñas o controlan empresas del agua en más
de cien países del mundo, que abastecen con agua
a más de cien millones de personas en todo el planeta.
Argentina fue pionera en la privatización de servicios
de agua y saneamiento. En su momento, la de Obras Sanitarias
de la Nación (OSN) fue la concesión más
grande del mundo, porque abarcó Buenos Aires, 14
distritos vecinos y 9,3 millones de habitantes, señala
un informe de Andrea Catenazzi, de la Universidad Nacional
de General Sarmiento (UNGS).
Las condiciones de la licitación establecían
que el consorcio adjudicatario -que obtendría la
concesión por 30 años- no tenía que
efectuar aportes de capital, sino ofrecer un porcentaje
de reducción de tarifas vigentes al momento de la
privatización, asumir el compromiso de no incrementarlas
durante 10 años y mejorar los servicios. Pero, paradójicamente,
el gobierno dispuso un incremento de tarifas de 74 % antes
del traspaso, de manera que la concesión resultara
más atractiva a los inversores.
El consorcio ganador fue el liderado por la francesa Suez
Lyonnaise (25,3 por ciento), Sociedad Comercial del Plata
(del grupo argentino Soldati, 20,7 por ciento), Sociedad
de Aguas de Barcelona (12,6 por ciento), la firma Argentina
Meller (10,8 por ciento), el Banco de Galicia y Buenos Aires
(8,1 por ciento), la Compagnie Generale des Aux ( 8 por
ciento) y Anglia Water (4,5 por ciento). Estas empresas
nunca cumplieron con los términos de la concesión.
Mientras las empresas se llenan los bolsillos, nosotros
consumimos agua de dudosa potabilidad y en muchos lugares
las viviendas se inunda por la suba de las napas freáticas.
.
Cuando Aguas de Tunari, un emprendimiento conjunto de la
empresa estadounidense Bechtel y la italiana Edison, se
estableció en Bolivia, el gobierno prometió
que los costos del agua no se incrementarían por
encima de un 10% a causa de la privatización. La
gente estaba furiosa cuando se encontraron con alzas de
hasta el 300% en las tarifas del agua. Académicos,
ecologistas, trabajadores urbanos y agricultores se unieron
para constituir la Coordinadora de Defensa del Agua y la
Vida. Ese fue el despertar. El pueblo estaba dispuesto a
defender sus derechos, y se empezaron a realizar jornadas
de acción a principios del 2000. Se realizaron movilizaciones
simultáneas en el campo y la ciudad, bloqueando las
carreteras durante varios días. La movilización
final en abril del 2000 congregó a más de
100,000 personas en el centro de Cochabamba.
El sistema Acuífero Guaraní es uno de los
reservorios de agua subterránea más grandes
del mundo. Dicho reservorio es compartido por los países
integrantes del MERCOSUR: Argentina, Brasil, Paraguay y
Uruguay. Estados Unidos estructuró un sistema para
detectar la magnitud del Acuífero Guaraní,
asegurar su uso de manera "sustentable" y evitar
todo tipo de contaminación. Para ello puso al frente
de la investigación al Banco Mundial, la Organización
de Estados Americanos, órganos alemanes y holandeses
que controla, y algunos elementos universitarios de los
países involucrados. Destinando un presupuesto de
26 millones 760 mil dólares.
"Otros elementos han pasado a tener valor estratégico
para un futuro próximo. Ha sido muy significativa
en los últimos tiempos la importancia que se ha dado
al agua potable, como un recurso escaso para los años
venideros y que resultará fundamental para la humanidad.
Quien la controle, controlará la economía
mundial y la vida del futuro no lejano." (Elsa Bruzzone-CEMIDA)
LA ENORME IMPORTANCIA DE LA CALIDAD DEL AGUA EN
LA SALUD
Extraido de la revista Discovery Salud
El 75% de nuestro cuerpo al nacer es agua. También
lo es el 70% de la Tierra. De hecho, no hay nada más
abundante en nuestro planeta. Además, el agua es
un constituyente necesario de las células de todos
los tejidos animales y vegetales y no puede existir la vida
-ni siquiera durante un periodo limitado- en ausencia de
agua porque en ella se desarrollan todas las reacciones
bioquímicas de los seres vivos. Sencillamente, el
agua es el fundamento de la vida porque la vida ha nacido
en ella; es, pues, la base de todo lo vivo. Así lo
afirmaba ya el filósofo, matemático y astrónomo
griego Tales de Mileto -quien vivió hace más
de 2.500 años- llegando a considerarla "el principio
de todo lo que existe".
Sin embargo, nuestros conocimientos sobre el agua son muy
escasos. A nivel popular, apenas sabemos que está
compuesta de dos moléculas de hidrógeno y
una de oxígeno, y que ha de atravesar una serie de
controles y procesos químicos para llegar a nuestro
grifo en perfecto estado bacteriológico e higiénico.
Y si miramos exclusivamente a través de las gafas
de la química puede que eso nos baste para considerar
que un agua es saludable. Pero, ¿es eso así?
¿Sabemos realmente lo que bebemos?
LA VIDA EN UNA GOTA
Todo lo que comemos, respiramos o sentimos influye en nuestra
salud global. También lo que bebemos y, más
en concreto, la cantidad y calidad del agua que ingerimos
ya que este elemento cumple funciones vitales en nuestro
organismo. Por ejemplo, el agua es fundamental en la eliminación
de los residuos, en la reparación de los tejidos
y en las secreciones gástricas además de intervenir
en el mantenimiento de una adecuada temperatura corporal,
entre otras muchas funciones vitales (vea recuadro). Por
tanto, su calidad puede llegar a determinar nuestro buen
o mal estado de salud. De ahí que muchos expertos
insistan en la trascendencia de saber lo que bebemos. Y
sepa el lector que para muchos de ellos ni la que sale del
grifo ni la que compramos en los supermercados y ha pasado
numerosos controles y tratamientos de esterilización,
desinfección, cloración, filtrado, etc., es
un agua de calidad. Afirmación que se justifica por
un simple hecho: algunos de esos procesos por los que pasa
el agua -hasta 250- tienen "efectos secundarios"
para la salud. Por ejemplo, la cloración no parece
ser el más saludable de los procedimientos de purificación
del agua si se tiene en cuenta que el cloro es venenoso,
destruye la vitamina E, altera la flora intestinal y puede
irritar el estómago. Pero es que tampoco el filtrado
es un tratamiento completamente seguro ya que aunque logra
eliminar del agua las sustancias en suspensión más
grandes no lo consigue con las sustancias coloidales y las
que están disueltas.
En realidad, el agua que hoy bebemos está energéticamente
muerta, desestructurada y altamente contaminada. No tiene
nada que ver con el agua viva, estructurada y de alto poder
energético que podía encontrarse en un manantial
o en un pozo... hasta hace un siglo. Porque también
ésta se ha contaminado a causa de los residuos químicos
de nuestra civilización, especialmente por culpa
de los derivados del petróleo. La lluvia ácida
ha llegado a todas partes contaminando prácticamente
el planeta entero. Hoy es difícil -por no decir imposible-
encontrar lago, pozo o río -incluidos los subterráneos-
que no esté contaminado en mayor o menor medida.
Lo más que podemos hacer actualmente es hablar de
aguas potables aunque en realidad hasta esas aguas son hoy
causa de numerosas enfermedades. Veámoslo.
POTABLE SÍ, PERO ¿SALUDABLE?
Legalmente se considera potable toda agua que cumple ciertos
requisitos mínimos. Así, ha de ser incolora,
inodora, insípida y recogerse de un lugar también
limpio. Y a fin de que no sea origen de enfermedades debe
carecer de venenos orgánicos e inorgánicos,
microbios y parásitos. De ahí que para cumplir
tal requisito el agua extraída del subsuelo, ríos
o lagos sea sometida a 250 procesos químicos, biológicos
o mecánicos diferentes atendiendo a los criterios
legales y sanitarios de cada país.
Las impurezas admisibles en el agua de consumo están
reguladas por el Decreto 1138/1990 de 14 de septiembre por
el que se aprueba la Reglamentación Técnico-Sanitaria
para el abastecimiento y control de calidad de las aguas
potables de consumo público. Y en él se incluye
un listado de los diferentes elementos físicos y
químicos de las aguas potables y las cantidades admisibles
de cada uno de ellos que corresponden a un agua de una "calidad
deseable". Entre esos elementos se citan cloruros,
sulfatos, calcio, magnesio, sodio, potasio, aluminio, residuo
seco y oxígeno disuelto estableciéndose además
los niveles idóneos de pH, conductividad y dureza.
La reglamentación también enumera los valores
máximos de "las sustancias no deseables"
que debe contener el agua de consumo y que son, entre otras,
nitratos, amonio, hierro, cobre, fósforo, flúor
o bario. A ellas se añaden en el Anexo D del citado
decreto "las sustancias tóxicas" y la concentración
máxima admisible en el agua de consumo (50 microgramos
por litro de agua) y que son arsénico, cianuro, cromo
y níquel. Es decir, ¡la propia ley las considera
sustancias tóxicas pero admisibles en cierta cantidad!
Algo que hace ya dudar a muchos expertos sobre la inocuidad
del agua potable que sale de nuestros grifos o que compramos
en el supermercado y que, tras pasar por 250 procesos de
depuración -incluida la utilización de cloro,
un gas venenoso-, poco o nada tiene que ver con el H2O puro.
De hecho, cada vez más científicos y médicos
denuncian la alarmante baja calidad del agua que se consume
en el mundo asegurando que se trata de "agua muerta,
desestructurada y, a veces, contaminada por los propios
productos y mecanismos que se utilizan para depurarla".
No es extraño, pues, que se atribuyan al agua que
bebemos el origen de algunas patologías o la razón
de que se conviertan en crónicas.
AGUA VIVA, AGUA MUERTA
Es necesario entender antes de seguir que todo objeto y
sustancia -tanto natural como artificial- tiene su propio
patrón vibratorio. Y que las moléculas del
agua no son una excepción a este principio. De hecho,
el agua absorbe -por resonancia- las frecuencias de cada
materia con la que entra en contacto (ver recuadro adjunto).
Dicho de otra forma: el agua tiene memoria ya que almacena
la "información" de toda sustancia con
la que ha estado en contacto -radiaciones, plantas, colores,
etc., incluidos, consecuentemente, metales pesados, fosfatos,
productos fitosanitarios, abonos, nitratos, etc. Frecuencias
que a veces logran romper su estructura natural convirtiéndola
en un líquido energéticamente muerto y físicamente
desestructurado que además nos transmite las frecuencias
desfavorables que han volcado en el agua las sustancias
nocivas con las que ha entrado en contacto en su recorrido
previo antes de llegar a nuestra mesa.
A este respecto, el científico Peter Gross afirma
sin paliativos que nuestras aguas potables -tanto las que
salen de las cañerías de casa como las embotelladas
para su ingesta- están hoy químicamente limpias
pero físicamente muertas. "Actualmente -afirma-
el 98% de los hogares occidentales disponen de agua higiénicamente
aceptable pero muerta en sentido energético por la
presión interna de las cañerías y por
los numerosos tratamientos a que es sometida el agua viva,
procesos que rompen y desmantelan las ordenadas estructuras
que portan la información terapéutica y vital
del agua pura".
Una alteración de la estructura molecular que puede
provocar numerosas disfunciones orgánicas ya que
el agua muerta que solemos beber no cumple bien las importantísimas
funciones que desarrolla el agua viva en nuestro cuerpo.
De ahí que, como plantea Gross, sea tan urgente preocuparnos
por consumir agua viva, ordenada y estructurada con auténtica
calidad biológica. "Nuestra salud -sentencia-
depende de ello".
En la misma línea se manifiesta el médico
de origen iraní F. Batmanghelidj, autor del libro
Su cuerpo reclama agua llorando a voces, en el que explica
cómo la deshidratación crónica actual
de nuestro cuerpo es la causa de muy variadas enfermedades.
De todo ello vamos a hablar en los próximos números
de Discovery Dsalud. El asunto es de tanta importancia que
vamos a dedicar varios reportajes seguidos a ello.
Agua dulce, victoria amarga
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Jorge Cuba, periodista boliviano.
Manifestación de campesinos cochabambinos contra
la ley de privatización del agua en abril de 2000.
¿Agua pública o privada? Si algo puede aprenderse
de la “guerra del agua” en Bolivia es que para
resolver el conflicto ha de tenerse en cuenta a la población,
sus tradiciones y sus costumbres.
Una
ley de privatización del agua fue la chispa que encendió
la “guerra del agua” en Bolivia, que desató
una de las peores crisis sociales que ha vivido este país
andino en los últimos años. El conflicto estalló
en enero de 2000 cuando las tarifas del agua potable de
los habitantes de la ciudad de Cochabamba, en el centro
del país, se triplicaron. Además, los campesinos
de la región de valle seco que rodea a la ciudad
descubrieron de golpe que el agua que habían extraído
gratis durante generaciones ya no era suya. De la noche
a la mañana, los primeros tuvieron que pagar el precio
real de este bien básico, sin subvenciones, mientras
que los segundos –en su mayoría indígenas
quechuas– pasaron de ser propietarios ancestrales
del agua a clientes de Aguas del Tunari, subsidiaria de
International Water Limited de Londres.
Estas medidas eran la traducción en hechos de la
Ley 2029 del Servicio de Agua Potable y Alcantarillado Sanitario,
aprobada a finales de 1999, que privatizó ambos servicios.
“El gran error de esa ley fue haber concesionado también
las fuentes de agua, pues en general las concesiones se
hacen únicamente para la administración del
servicio”, sostiene el hidrólogo boliviano
Carlos Fernández Jauregui, experto de la UNESCO en
temas hídricos.
El agua, un tema de debate público
Además, la ley fue aprobada sin ningún tipo
de consulta pública y bajo presión de la compañía
francesa Lyonnaise des Eaux, encargada de la distribución
del agua en La Paz bajo el nombre de Aguas de Illimani.
En el país más pobre de Sudamérica,
donde un tercio de la población no tiene acceso al
agua potable y siete de cada 10 personas viven en condiciones
de pobreza, sobran razones de descontento social. El conflicto
del agua fue el detonante de una revuelta mucho más
amplia cuyos resultados fueron diez meses de desórdenes,
enormes pérdidas económicas, once días
de estado de sitio y una decena de muertos.
La presión social fue tal que el gobierno tuvo que
dar marcha atrás. En abril, Aguas del Tunari rescindió
el contrato que había firmado con las autoridades
para realizar el proyecto Misicuni, que preveía la
construcción de una presa para ampliar la red de
distribución de agua en la región cochabambina.
Pero, aunque la “guerra del agua” terminó
con el triunfo ciudadano, el problema de fondo de Cochabamba
no ha sido resuelto. En la ciudad, el suministro no supera
las cinco horas diarias y en las zonas aledañas sólo
cuatro de cada 10 agricultores tienen acceso al agua potable.
“La única alternativa para solucionar la escasez
de agua en Cochabamba es construir la presa. Las otras opciones
son paliativos”, sostiene Fernández Jauregui.
Proyectos como la perforación de ríos de aguas
subterráneas sólo han tenido hasta el momento
desarrollos ocasionales; y otras ideas, como la de crear
una cooperativa o una sociedad anónima con amplia
participación popular, no terminan de concretarse.
Además de la presa, el proyecto Misicuni incluye
la construcción de un túnel y de plantas de
purificación y tratamiento de aguas residuales por
un costo total de 300 millones de dólares. Las enormes
facilidades que la ley otorgaba a los concesionarios se
explican sin duda por la necesidad de atraer inversiones
para costear este millonario proyecto, ya que los legisladores
apuntaron al bolsillo del contribuyente para financiarlo.
Pero al final el tiro se volvió contra el gobierno
de Hugo Banzer, pues Aguas del Tunari exige cuantiosas indemnizaciones
por la rescisión del contrato y las autoridades temen
perder crédito ante los inversionistas extranjeros
si se niegan a pagar.
Un problema de gobernabilidad
Además, la partida de estas compañías
no es necesariamente la mejor solución. Gracias a
la experiencia ganada en varios países, estas multinacionales
ofrecen por lo general un mejor servicio que las empresas
públicas locales, usan el agua de manera más
eficiente y pagan mayores salarios a los técnicos.
Pero los gobiernos, por su parte, deben proteger a sus ciudadanos
de los naturales apetitos comerciales de estos gigantes
del agua.
Para Fernández Jauregui, el problema del agua en
Bolivia es de gobernabilidad. En su opinión, los
bolivianos están pagando la falta de experiencia
en materia de legislación del agua: “No existen
leyes, ni instituciones, ni tampoco infraestructuras apropiadas
para encarar el problema del agua”, apunta. En otros
países latinoamericanos se han logrado experiencias
positivas de resolución de conflictos por tan espinoso
tema.
Aunque las comunidades estén aferradas a la gratuidad
del agua desde hace generaciones, con un diálogo
franco y abierto son también capaces de tomar conciencia
de que es un bien escaso y hay que comenzar a pagar por
él. “Es claro que había otras maneras
de encarar el problema del agua en Bolivia”, asegura
Fernández Jauregui. “Las leyes del agua hay
que consultarlas primero con las comunidades concernidas,
como se hace con otras leyes. Si se hubieran respetado los
usos y costumbres tradicionales, la cultura local, todos
estos problemas se habrían evitado.”
Agua y biodiversidad en Montes Azules
Miguel Ángel García A.
Revista Ojarasca 87
El agua planetaria da la impresión de ser inagotable
por la magnificencia de los mares o por los torrenciales
aguaceros veraniegos. Nada menos cierto, pues por lo menos
el agua potable para consumo humano se nos agota.
Aunque tres cuartas partes del planeta están cubiertas
de agua, el 97 % es salada. Del 3 % restante, dos terceras
partes se hallan en los casquetes polares y en las cimas
de las montañas como hielo y nieves perpetuas; únicamente
un 1 % del total del agua existente en el mundo es para
el consumo humano y está distribuida de forma muy
desigual: las regiones y países que la poseen no
cejan en contaminarla y desperdiciarla siguiendo las pautas
globalizadoras de desarrollo industrial y consumista. Estos
países y élites sociales provocan --directa
o indirectamente-- la acelerada destrucción de los
bosques, alterando gravemente el ciclo hidrológico
en que se basa la captación y filtración del
agua pura.
En los últimos setenta años, la población
mundial incrementó seis veces su consumo de agua,
mientras el volumen disponible es el mismo. En cambio, el
agua potable no contaminada ha disminuido en un 15 %.
La disponibilidad de agua por habitante disminuye, en promedio,
en un tercio cada veinte años.
Hay en el mundo 12 mil km3 de agua contaminada, más
que la de las diez cuencas fluviales más importantes
del mundo.
Diariamente se vierten en ríos, lagos y arroyos 2
millones de toneladas de deshechos tóxicos (un solo
litro de agua residual basta para contaminar 8 litros de
agua dulce).
Estados Unidos y otros países industriales producen
el 80 % de todos los desechos peligrosos, vertiendo en el
agua, diario, 500 millones de toneladas de desechos peligrosos
(metales pesados, solventes, sedimentos tóxicos y
pesticidas).
Mientras 900 millones de personas de los países pobres
no tienen acceso a agua no contaminada, y mueren por esa
causa 25 mil personas al día, en los países
industriales el 75 % del agua de que disponen la utilizan
con fines industriales. Un habitante estadunidense promedio
utiliza --y desperdicia-- de 350 a 400 litros por día.
Las cuencas más grandes del mundo, ubicadas en países
industriales o en los llamados "polos de desarrollo"
de los países pobres, están altamente contaminadas
y no son aptas para consumo humano.
Hace ya algunos años, Alvin Tolffer señaló
que en el siglo XXI las guerras ocurrirían no sólo
por el control del petróleo, sino por apoderarse
de las fuentes y caudales de agua dulce, lo cual es una
realidad inmediata.
Las corporaciones multinacionales que controlan el embotellamiento
y la distribución del agua --CocaCola, Pepsi, Mitsubishi,
Evián, Price Water House, y otras--, se posicionan
en los territorios que poseen los últimos caudales
superficiales o mantos subterráneos de agua dulce
no contaminada, e intentan forzar a los países subdesarrollados
poseedores de estas fuentes --a través del Banco
Mundial, el FMI, el G8, la ocde, la OMC--, a que privaticen
la extracción, el aprovechamiento y la distribución
del vital líquido, amén de las presiones que
ejercen las corporaciones dedicadas a la generación
y distribución de electricidad, ávidas de
que se sigan construyendo gigantescas centrales hidroeléctricas
y de que se hagan reformas que privaticen la generación
y venta del fluido eléctrico.
Aunque en México la presión por el agua es
todavía moderada (su precipitación promedio
es de 772 mm/año y su disposición natural
media nacional de escurrimiento superficial virgen y recarga
de acuíferos es de 472 km3, de los cuales en el año
2000 se extraían sólo 72 kms3 para distintos
usos y consumos), el agua tampoco está equitativamente
distribuida, ni se utiliza racionalmente.
El sureste de México concentra el 68 % de los escurrimientos
y el 23 % de la población, mientras que el norte,
noroeste y centro concentra el 77 % de la población
y y el 32 % del escurrimiento.
El 78 % del agua nacional extraída de montes, ríos,
arroyos y lagos, tiene destino agrícola; el 2 % tiene
uso pecuario, el 8 % va a la industria y el 12 % al uso
público urbano.
Un 94.6 % de la población urbana --concentrada en
las zonas centro y noreste del país-- dispone de
agua potable, mientras que de la población rural
--ubicada mayoritariamente en el sur-sureste-- sólo
alcanzan su beneficio el 68 % de las familias.
De las seis principales cuencas de México, tres de
ellas tienen un nivel muy alto de contaminación por
desechos industriales, petroleros, urbanos y pesticidas,
que las hacen no aptas para consumo humano (el Lerma-Santiago,
el Alto Balsas y el Coatzacoalcos); otras dos alcanzan ya
un nivel medio (el Papaloapan y el Grijalva) y sólo
en una de ellas sus aguas tienen todavía un nivel
aceptable de pureza: la cuenca del río Usumacinta,
la más caudalosa del país y cuya desembocadura
en el Golfo de México --unido ya al Grijalva-- se
encuentra frente a frente con la desembocadura del río
Mississipi, la cuenca de agua dulce más contaminada
del mundo, pues arrastra en su caudal los desechos tóxicos
de la zona más industrializada y "desarrollada"
del planeta: la costa este de Estados Unidos.
En su recorrido, el Usumacinta envuelve la Reserva de la
Biosfera Montes Azules (en el centro y sur de la Selva Lacandona)
alimentado por muchos ríos: el Tzaconejá,
el Jataté, el Perlas, el Santo Domingo, el Revancha,
el Dolores, el Euseba, el Reales, el Azul (nacido en la
laguna de Miramar), el Ixcan y el Chajul --procedentes de
Guatemala-- formando el río Lacantún que recibe
al Negro, al Tzendales, al Bravo y al Salado, para luego
juntarse con las aguas guatemaltecas del Chixoy y el Pasión
y conformar así el Usumacinta, que al virar al noroeste
recibe al Agua Verde y el Chancalá y se encajona
en el Cañón de Boca del Cerro para salir a
las llanuras tabasqueñas (formando los Pantanos de
Centla) donde más abajo se junta con el Grijalva
y desemboca finalmente en el océano Atlántico.
Gran parte de su caudal depende de la precipitación
y escurrimientos que capta la cubierta forestal de la selva
de Montes Azules (otras de sus aguas sustantivas provienen
de las selvas del Petén y el Ixcán guatemalteco).
En estos momentos hay una intensa y desigual pugna por el
control de Montes Azules y sus estratégicos recursos
naturales (agua y biodiversidad, principalmente), que enfrenta
a tseltales, tsotsiles, ch'oles y tojolabales, organizados
en la resistencia zapatista o cercanos a ella, con gigantescas
corporaciones multinacionales --embotelladoras, agroalimentarias,
farmacéuticas, constructoras y generadoras de energía--
cuyos intereses son defendidos por supuestas ong, filiales
algunas de corporaciones conservacionistas estadunidenses,
vinculadas financiera y programáticamente a empresas
multinacionales. Entre ellas están Conservación
Internacional, The Nature Conservancy y World Wildlife Fund.
Otras de origen nacional operan, unas como maquiladoras
científicas (Espacios Naturales y Desarrollo Sustentable,
fundada por el exdirector general de Áreas Naturales
Protegidas de Semarnap) o como agentes de provocación
social (Meralek, AC, presidida por un exconsultor del Banco
Mundial).
Tras el disfraz de una "filantropía verde",
que manipula y desinforma en los medios de comunicación
con el discurso de la conservación ecológica
en "beneficio de la humanidad" (basta ver la campaña
de tv Azteca), estos poderosos intereses presionan para
lograr el desalojo --violento incluso-- de más de
40 poblados indígenas asentados en la Reserva Montes
Azules como desplazados de guerra, a causa de la violencia
militar o paramilitar ejercida en distintas regiones de
Chiapas a partir de 1994, o expulsados de sus lugares de
origen por carecer de tierras y de oportunidades de vida.
En Montes Azules se oponen dos propuestas diametralmente
opuestas: una que propugna la conservación ecológica
sin los pueblos y contra los pueblos, para beneficio y lucro
privado de intereses corporativos multinacionales, y el
trabajo ecológico de los pueblos, por los pueblos
y para los pueblos.
Miguel Ángel García es coordinador general
de Maderas del Pueblo del Sureste, AC
Fuentes
Indymedia org, Revista Discovery Salud, La insignia, Revista
Hojarasca
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