Velazquismo,
ultra-nacionalismo, indigenismo, racismo, mesianismo incaísta.
Estos son algunos ingredientes, todos autárquicos y
excluyentes, de la confusa ideología del movimiento
etno-cacerista de los Humala. Ideología no muy lejana
al mesianismo fundamentalista del senderismo que excluye a
todo tipo de ideología (inclusive las de índole
marxista); que proclama tener la capacidad de descubrir las
leyes inexorables de la historia, y cuyos seguidores se consideran
los constructores de un paraíso autárquico donde
se anulen las clases sociales.
El etno-cacerismo llega al extremo de promover
que sólo los representantes de la raza cobriza deberían
gobernar el país, el mundo foráneo debe ser
rechazado ya sea por imperialista o porque los chilenos y
ecuatorianos son nuestros enemigos seculares. Consecuentemente,
la deuda externa no se debe pagar, nuestra orientación
productiva debería ser hacia el autoconsumo, hasta
el Microsoft Windows de Bill Gates debe ser rechazado en aras
de uno autóctono. Por último, los corruptos
deben ser fusilados, el pasado tahuantinsuyano con su tríada
de preceptos debe erigirse en modelo, se debe rechazar el
catolicismo y volcarse a las prácticas religiosas ancestrales
exceptuándose el caso de la religión de los
Israelitas del Nuevo Pacto Universal que también aspira
al autarquismo, es mesiánica y tahuantinsuyana.
Todas estas ideas están muy lejos de
aquel espíritu abierto y adaptado a los desafíos
del mundo actual, y que reconoce que estamos ante una etapa
de desarrollo histórico de la humanidad, que concibe
al tiempo y al espacio como eminentemente abiertos, que allende
sus fronteras valora la diversidad sin exclusivismos, que
puede desenvolverse y competir sin problemas bajo el marco
de distintos códigos culturales, y en general, que
reconoce en todos los seres humanos la misma capacidad de
aprendizaje y superación.
Desde la perspectiva de este espíritu
moderno es una locura que en estos tiempos de globalización
y competitividad puedan surgir individuos que encarnen estas
ideas y que tengan seguidores. Lo peor del caso es que a veces
lleguen a triunfar como Hugo Chávez en Venezuela o
que se mantengan en el poder como Fidel Castro en Cuba, o
simplemente retarden aquel anhelado acceso a la modernidad
y el desarrollo ¿Qué ganó el Perú
con la aventura de Velazco Alvarado? ¿O con los doce
años de violencia subversiva continuados luego por
diez años de corrupción? ¡Qué triste
sino que tiene el Perú de oscilar entre el fanatismo
autárquico y la corrupción!
El Perú sufre las consecuencias de
ser un país invertebrado que todavía no puede
digerir las lecciones nefastas de su pasado inmediato ¿Cómo
salir de esta situación? ¿Cómo acortar
la brecha que separa al Estado de la Sociedad?¿Cómo
lograr servicios públicos adecuados que ensanchen los
horizontes de nuestras poblaciones cuando las inversiones
del mundo foráneo son muchas veces rechazadas, cuando
se impide el avance de las industrias extractivas o cuando
se maltrata a los turistas? ¿Cómo lograr el
imperio de la justicia cuando muchos pobladores rurales tienen
que purgar prisión sólo por practicar costumbres
inocuas que no calzan con las concepciones de quienes los
sentencian?
Puede ser que estas disyuntivas pasen por
las cabezas de algunos de nuestros políticos pero entre
los más adictos a publicitarse no veo mucho asomo de
enfrentarlas. Si lo hicieran no socavarían su propia
tumba con críticas insustanciales al actual gobierno
que solo logran debilitar la democracia y nuestro precario
orden institucional. Puede ser que el actual gobierno haya
cometido muchos errores pero creo que será recordado
por dos lineamientos que son fundamentales. Por un lado, por
enfrentar la globalización competitivamente atrayendo
inversiones extranjeras y buscando la unión de los
países sudamericanos, y por otro, por procurar forjar
la unidad en la diversidad a través de logros como
el Acuerdo Nacional, la creación de los gobiernos regionales
y el reconocimiento del Perú como un país pluricultural
donde todo tipo de exclusión debe ser puesta de lado.
Es cierto que en nuestro país las organizaciones
indianistas no han alcanzado la envergadura de las existentes
en Ecuador y Bolivia pero esto no quiere decir que no existan
indígenas en nuestro país y que no se dejen
sentir en la esfera política nacional. Basta reparar
en su existencia y manejar perspicazmente sus sentimientos,
como lo hizo Fujimori en 1990 y Toledo en el 2000, para darse
cuenta del potencial de votos que encierran. Una prueba irrefutable
de su presencia la encontramos en las elecciones de 1990 y
en las del 2000. El problema, una vez comprometido su apoyo,
es mantenerlos contentos pues sus expectativas no son precisamente
de las que se proyectan al largo plazo. Sino que lo digan
los Presidentes Lucio Gutiérrez, Carlos Meza y Alejandro
Toledo que constantemente tratan de aplacar las exigencias
de naturaleza populista de quienes alguna vez los respaldaron.
Que poblaciones no favorecidas por una buena
educación o que tienen dificultades para acceder a
los medios de comunicación moderna, no logren participar
de estas reglas de la modernidad es comprensible. Romper con
el tipo de idiosincrasia que se deriva de un universo de relaciones
interpersonales, patrones matrimoniales endogámicos,
orientación productiva de auto-consumo no es algo fácil.
Pero lo es mucho menos cuando aquellos que sí han tenido
estas oportunidades asumen estas posiciones autárquicas
de manera más radical, como los Humala o Abimael Guzmán,
o como tantos otros, sean hombres de prensa, políticos,
o intelectuales, que en nombre de nacionalismos o populismos
trasnochados ponen en peligro las inversiones extranjeras,
el desarrollo del turismo y, en general, nuestra apertura
hacia la modernidad.
Un nuevo periodo pre-electoral está
ad-portas ¿podemos continuar dándonos el lujo
de seguir peleándonos entre peruanos y que el resto
del mundo se distancie cada vez más de nosotros por
no marchar al ritmo de la modernidad? Desde 1980 se ha vivido
12 años de violencia intensa, luego 10 años
de corrupción y finalmente cinco años de reconstrucción
de nuestra democracia ¿Podremos superar nuestras taras?
El Perú es un país inmensamente rico pero somos
los peruanos los que lo empobrecemos. Hagamos un esfuerzo
por salir adelante.

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