El
Estado es el presidente. Esta es la percepción general
de un grupo de pobladores de sectores populares, según
un estudio realizado del 2002 al 2003 en Lima y Huancayo para
sondear cual es la visión que se tiene del Estado en
los sectores populares. Si bien la muestra de pobladores es
pequeña, el estudio muestra tendencias interesantes.
Primero, y en especial en Huancayo, los pobladores
perciben que el gobierno se personaliza en el presidente.
Lo que más se valora en la figura del presidente es
que haya vivido de cerca los problemas de los pobres (empatía)
Por eso en el caso de Toledo estas personas se sienten “engañadas”
ya que lo percibían como alguien que comprendía
a los pobres pero lego de asumir el poder se “olvidó”
de ellos. Existe una inclinación hacia un presidente
tradicional, paternalista y generoso; quien, además,
da cariño a través de regalos y con quien se
puede desarrollar la ilusión de un vínculo directo.
Ambos grupos sienten que el país está
en crisis. Aquellos con una visión más tradicional,
piensan que la solución depende de la buena voluntad
del presidente para que los abundantes recursos del Estado
lleguen al pueblo. Aquellos que manejan un concepto más
complejo del Estado consideran que el rol de éste es
establecer las condiciones adecuadas para el desarrollo del
sector privado, que es generador de empleo.
En cuanto a su financiamiento la mayoría
considera que el Estado tiene un tesoro aunque no saben cómo
ni de donde. Pocas personas, sobre todo de Lima, son conscientes
que parte de los recursos provienen de los impuestos (indirectos)
pagados por ellos mismos. Por ello este grupo considera que
todos tienen derecho a recibir la ayuda de los programas sociales,
y no comprenden la necesidad de focalizar dichos programas.
Los pobladores se identifican con la necesidad
y la pobreza, ambas vinculadas con la lucha para alimentar
a la familia, recayendo sobre todo en las mujeres la responsabilidad
de alimentar a los niños.
En cuanto a como perciben los pobres las causas
de la pobreza el desempleo se encuentra en primer lugar, seguido
de la familia numerosa, la ausencia del esposo y, en las zonas
altoandinas, el terrorismo. Para los pobladores de Huancayo
la pobreza es percibida como permanente mientras que en Lima
se considera que se puede entrar y salir de ella dependiendo
si se encuentra un buen empleo.
La solidaridad es uno de los rasgos positivos
con los que los pobres se identifican. Además perciben
a la organización como una de sus fortalezas; ya que
gracias a ella sus demandas sean escuchadas por las autoridades
y permite protegerse de la delincuencia, en Lima; y de los
vecinos en Huancayo. Esta solidaridad, sin embargo, solo se
da dentro del grupo y no se extiende a otras comunidades y
barrios vecinos. Especialmente en Huancayo “los otros”
son vistos como los culpables de estigmatizarlos como delincuentes
y aprovechadores. Este modelo mental impide formar relaciones
de solidaridad extra-local y es, posiblemente, uno de los
factores que dificulta que los comedores populares formen
parte de un movimiento social más amplio.
En suma, el modelo del Estado en los sectores
populares es tradicional, asistencialista y populista. En
este contexto, agravado por los constantes escándalos
y denuncias de los medios de comunicación, persiste
una ciudadanía de baja calidad, signada por la desconfianza
y la exclusión. Ello atenta contra la gobernabilidad
y una visión compartida que sostenga la débil
democracia peruana.
El estudio propone que los modelos mentales
constituyen “mapas” compartidos por grupos sociales
que tienen ciertas características y circunstancias
comunes, y que regulan la interacción entre los diferentes
grupos de actores sociales. Los modelos construidos podrán
servir como base para analizar la viabilidad, eficiencia y
eficacia de los programas de asistencia alimentaria en el
Perú y otros países con problemáticas
similares a la nuestra.
Acceda a una versión más amplia
del estudio en:
http://www.consorcio.org/CIES/html/pdfs/bol53/Aramburu.pdf

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