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boletín de opinión
n° 37
agosto 1999
PRESENTACIÓN
En el primer semestre del año
pasado, la economía peruana sufrió dos importantes shocks
de oferta que afectaron la actividad económica y sobre todo las
exportaciones. Esos dos shocks fueron, de un lado, el Fenómeno
El Niño, que golpeó fuertemente la pesca, la agricultura
y, en menor medida, la minería; y que dañó significativamente
la infraestructura del país, en particular, en la zona de la Costa
norte y en el departamento de Ica. De otro lado, la crisis asiática
provocó indirectamente un deterioro de los términos de intercambio
y, en un contexto de mayor turbulencia en los mercados internacionales
de capital, un incremento en la percepción de riesgo de los países
emergentes, que se reflejó en un encarecimiento del financiamiento
externo.
En el segundo semestre de 1998, la economía peruana volvió
a sufrir un duro golpe, que esta vez tomó la forma de un violento
shock de demanda. Luego de la crisis rusa se observó una salida
de capitales generalizada en los países emergentes, los que vieron
deteriorados sus indicadores de riesgo. Esta salida masiva de capitales,
que se refugiaron principalmente en bonos del tesoro norteamericano, generó
un efecto 'contagio' dentro del cual era difícil distinguir los
riesgos de países individuales. Además, la lógica
misma de minimizar las pérdidas incurridas por los inversionistas
internacionales los obligaba a liquidar sus posiciones en otras economías
emergentes, cuya situación económica aún no había
sido afectada por la crisis.
Aunque las crisis asiática y rusa tuvieron un fuerte impacto en
la mayoría de países de la región, éstos mostraron
diferentes grados de fortaleza macroeconómica. Si bien la crisis
internacional afectó más a los países que tenían
débiles posiciones fiscales y regímenes cambiarios fijos
o poco flexibles, la economía peruana, que era diferente en estos
aspectos, sufrió también fuertemente los efectos adversos
de estas crisis. Esta situación se explica, básicamente,
por el relativo descuido con respecto al riesgo que se tomó al
permitir un rápido endeudamiento de corto plazo en el sistema financiero.
La excesiva confianza en los fundamentos de la economía peruana,
entre ellos su elevado nivel de reservas internacionales, otorgó
-inicialmente- al anterior del equipo económico una gran tranquilidad,
que arrojaba dudas con respecto a que las autoridades económicas
tuvieran realmente conciencia de la magnitud del ajuste que eventualmente
podrían verse precisadas a realizar. Finalmente, esta actitud se
transformó en extrema prudencia y terminó con un cambio
ministerial.
Como se ha mencionado, el flanco más débil del cuadro de
estabilidad macroeconómica resultó ser la dependencia de
capitales de corto plazo para completar el financiamiento del déficit
externo (déficit en cuenta corriente de la balanza de pagos) y
para financiar la creación de oferta monetaria.
Para llevar a cabo sus transacciones, la economía peruana utiliza
corrientemente dos monedas: el nuevo sol y el dólar. En la actualidad,
no existen cálculos exactos sobre la proporción de transacciones
que se hace en cada moneda; sin embargo, existen indicadores indirectos,
como los depósitos a la vista en ambas monedas (50%) y la participación
de la moneda extranjera en el crédito total otorgado por el sistema
bancario (80%). En cualquier caso, la evolución de la oferta de
dinero para satisfacer las demandas de ambas monedas puede generar desviaciones
importantes en la trayectoria de la demanda agregada.
En el caso peruano, la creación de soles pasa por la compra de
dólares, mientras que la evolución de la oferta de dinero
en dólares depende enteramente de los flujos netos de capital.
El Banco Central (BCR) ha decidido manejar la creación monetaria
en dólares a través del encaje a los depósitos en
moneda extranjera, dejando en libertad a los recursos que entran directamente
del exterior. En ambos casos, el impulso monetario (shock) proviene del
exterior mientras que el Banco Central solamente escoge la proporción
de este shock que tomará la forma de expansión de la oferta
monetaria en soles, para adecuarse a sus estimaciones de demanda de dinero
en moneda nacional. Por ello, la crisis rusa tomó la forma de un
enorme shock de demanda, lo que afectó la evolución de la
oferta total de dinero.
Finalmente, en los primeros días del presente año, la economía
peruana volvió a sufrir otro shock, esta vez como consecuencia
de la crisis brasileña. En esta oportunidad se observó un
fuerte aumento del tipo de cambio real, que en el mediano plazo tomaría
la forma de un shock positivo de demanda (se sustituyen importaciones
y aumenta la demanda externa) si se lograba mantener y/o aumentar los
nuevos niveles alcanzados por dicha variable. Sin embargo, en el corto
plazo, el efecto inicial afecta negativamente la actividad económica
de los sectores no transables y, dado el descalce de monedas de la mayoría
de acreedores del sistema financiero, provoca un aumento de las carteras
pesadas en las entidades financieras.
Según el Presidente de la República, el nuevo gabinete ha
entrado para cumplir tres grandes objetivos: reducir la pobreza, reducir
el desempleo y el subempleo, y lograr el crecimiento sostenido. En principio,
pocos pueden estar en desacuerdo con estos objetivos. Sin embargo, como
se sabe, el logro de estos objetivos requiere de un periodo de varios
años. Nadie termina con la pobreza ni logra el crecimiento 'sostenido'
en sólo un año. Justamente por ello, el horizonte de planeación
de las autoridades políticas y económicas debería
ser de más largo plazo, más allá de un año
o incluso más allá de un periodo de gobierno. Definitivamente,
para que funcionen y sean útiles, las políticas públicas
se deben diseñar y llevar a cabo pensando en el bienestar del país
y no en función de otros objetivos inferiores.
En el plano macroeconómico, el objetivo es provocar un cambio en
el estado de las expectativas internas y externas sobre las fortalezas
y oportunidades de la economía peruana. Asimismo, los principales
candidatos a la presidencia deberán respaldar el grueso de resultados
económicos y el mantenimiento de la estabilidad macroeconómica.
Solamente de esta manera se podría generar un nuevo ciclo de inversión
y continuar llevando a cabo el proceso de privatizaciones y concesiones.
De otro lado, urge romper el ciclo depresivo con políticas fiscales
y monetarias más ágiles, aunque sin poner en riesgo la 'sostenibilidad'
fiscal y de la cuenta corriente de la balanza de pagos.
La inflación ya no es un problema mayúsculo; seguramente
en los próximos meses aumentará, pero cerraría el
año aproximadamente en tasas de 5.5%. Asimismo, el déficit
externo se ha venido reduciendo rápidamente desde el año
pasado, tal como lo muestran las cifras trimestrales, y llegaría
a alrededor de 4.2% en 1999. Por ambas razones, habría algún
margen para suavizar el ajuste.
Sin embargo, también existen riesgos y debilidades. La fragilidad
institucional y la concentración del poder no permiten un manejo
adecuado y eficiente del país. Asimismo, algunas declaraciones
presidenciales muestran, entre otras cosas, cierta falta de convencimiento
en el programa económico, lo que también termina afectando
las expectativas de los agentes económicos y la percepción
del país en los mercados financieros internacionales. Quizás
por ello el nuevo equipo económico ha venido trabajando en un nuevo
Acuerdo de Facilidad Ampliada para el periodo 1999-2001.
A continuación se presenta una revisión del comportamiento
observado en los sectores real, precios, fiscal, monetario, financiero
y externo. Posteriormente, se plantean algunos temas de reflexión
sobre la política macroeconómica actual.
SECTOR REAL
Durante el primer semestre de 1998, la actividad económica mostró
los estragos del Fenómeno El Niño y, en menor medida, los
efectos de la crisis asiática. Estos impactos negativos comenzaron
a desaparecer en el tercer y cuarto trimestre del año pasado. En
este último trimestre, el sector agropecuario se expandió
en 15.4%, la pesca en 53.2%, mientras que la minería lo hacía
en alrededor de 9.7%.
En cuanto al tipo de gasto, se apreció una mayor importancia de
las exportaciones y del sector público en el crecimiento de la
economía en 1998. La demanda interna registró una caída
de 0.1%, principalmente asociada a los retrocesos mostrados por el consumo
y la inversión privados (de 0.3% y 0.4%, en cada caso), evolución
que fue atenuada por el sector público, que vio expandirse su nivel
de consumo (1.2%) e inversión (0.1%). La mencionada evolución
de la demanda afectó la actividad económica en todos los
sectores que dependen de esta variable, tal como se aprecia en los cuadros
1 y 2 y en el gráfico 1.
INSERTAR CUADROS 1 Y 2
INSERTAR GRÁFICO 1
La evolución de la cantidad total de dinero (medida en moneda extranjera)
comenzó a ser negativa a partir de setiembre de 1998, con lo cual
las tasas de interés sufrieron un sensible aumento. De igual manera,
luego de la crisis rusa, se cerraron varias líneas de crédito
y muchos bancos tuvieron que pagar sus acreencias de corto plazo con el
exterior, motivando así una contracción en el ritmo de crecimiento
del crédito, que no pudo ser completamente atenuada por la reducción
del encaje promedio en moneda extranjera. Estas nuevas condiciones en
el mercado monetario y crediticio también se reflejaron en la evolución
de corto plazo de la demanda agregada interna.
Asimismo, la política fiscal reaccionó de manera abiertamente
procíclica, reduciendo los gastos corrientes y de capital, especialmente
en el último trimestre de 1998, con la finalidad de cumplir con
los compromisos pactados con el Fondo Monetario Internacional. A pesar
de ello, no se pudo cumplir la meta inicial de superávit primario
del sector público no financiero, que ascendía a 1.8% del
PBI, lográndose apenas 1.2%, lo que se reflejó en un déficit
fiscal de 0.6% del PBI, cifra que contrasta con el equilibrio fiscal logrado
en 1997.
Esta política fiscal junto con la política monetaria (entendida
en un sentido amplio, soles y dólares) fueron cómplices
de la crisis rusa en provocar una violenta disminución de la demanda
interna, situación que no se ha revertido en el primer trimestre
de 1999.
PRECIOS
La tasa de inflación anualizada, que había alcanzado el
6.5% en diciembre de 1997, se aceleró hasta 8.4% en abril de 1998,
como reflejo del aumento en los precios de los principales alimentos,
acusando el impacto inflacionario del Fenómeno El Niño,
que fue menor en Lima con relación a otras ciudades del país.
Posteriormente, la tasa de inflación mensual comenzó a desacelerarse,
incluso llegó a mostrar tasas negativas en setiembre-octubre y
una tasa de 0% en noviembre, reflejando los menores precios absolutos
de los alimentos una vez terminado el Fenómeno El Niño.
De esta manera, la inflación se redujo a 6% al cierre del año
1998, mostrando paradójicamente (en el año de El Niño)
una menor inflación anual que en 1997.
En los primeros dos meses del año 1999, los alimentos han continuado
mostrando tasas negativas en su evolución mensual. Al comparar
los meses del verano de 1998 -con inflación alta- con el presente
trimestre, se obtienen tasas de inflación anualizadas relativamente
bajas, no observadas desde 1972. De esta manera, tasas anualizadas como
la de 3.4% en abril no se sostendrían por mucho tiempo, dado que
los precios de los alimentos revertirían su caída y porque
el resto de precios viene mostrando una tendencia al alza, reflejando
parcialmente la mayor devaluación observada (ver gráfico
2).
INSERTAR GRÁFICO 2
De otro lado, en los últimos 9 meses, la evolución del índice
de precios al por mayor (IPM) es mayor a la del índice de precios
al consumidor (IPC), lo que refleja la incapacidad de trasladar el aumento
de precios mayoristas a los precios finales, en un contexto de debilidad
de la demanda interna (ver gráfico 3). Asimismo, cabe resaltar
la dificultad de las empresas para trasladar la depreciación del
nuevo sol, experimentada notoriamente desde mediados de 1998, a los precios
al consumidor (ver gráfico 4).
INSERTAR GRÁFICOS 3 Y 4
Finalmente, es preciso anotar que la meta de inflación del Banco
Central, en un país sujeto a fuertes shocks y bajo un régimen
del tipo de cambio flexible, resulta ser un indicador con baja credibilidad
como ancla nominal. En todo caso, un indicador de precios alternativo
que podría funcionar como ancla sería la inflación
subyacente, la cual en presencia de shocks externos reflejaría
la tendencia de largo plazo de los precios.
SECTOR MONETARIO
En 1998 se pudieron distinguir dos etapas bien diferenciadas. Luego de
un periodo de relativa abundancia de recursos durante el primer semestre,
en la segunda mitad del año se apreció una aguda situación
de escasez, que no se aprecia en su total magnitud en las cifras anuales.
De otro lado, la respuesta tardía de las autoridades económicas
evitó la aplicación de mecanismos que contribuyeran a aminorar
la gravedad de la crisis de liquidez, con lo cual sus efectos se trasladaron
directamente a la actividad económica.
La emisión primaria en 1998 aumentó en 5.5% (equivalente
a S/. 262 millones), incremento que según el Banco Central era
consistente con su meta de inflación y con la evolución
de la demanda de dinero en moneda nacional. El componente más importante
de la emisión fue el de origen interno (S/. 1,242 millones), lo
cual es resultado básicamente de la compra de certificados de depósitos
del Banco Central y de los menores depósitos del Banco de la Nación.
A su vez, las fuentes de origen externo tuvieron un impacto contractivo
(S/. 980 millones), principalmente por la mayor importancia de la compra
de moneda extranjera del sector público (para cumplir con los compromisos
de deuda externa) en comparación con las compras netas del Banco
Central. Cabe mencionar que el Banco Central perdió reservas internacionales
netas (RIN) por US$ 985 millones en 1998, a diferencia de lo ocurrido
en los últimos años, cuando se experimentaron, por ejemplo,
ganancias de RIN por US$ 1,899 millones y US$ 1,629 millones en 1996 y
1997, respectivamente. Al 27 de abril del presente año, el Banco
Central viene perdiendo US$ 275 millones, básicamente por una disminución
en los depósitos del sector público. Asimismo, la posición
de cambio del BCRP disminuyó de US$ 2,346 millones en abril de
1998 a US$ 2,085 millones en abril de 1999.
La evolución anualizada de la emisión primaria mostró
una marcada reducción, pasando de tasas de 20.3% en abril de 1998
a tasas de 5% en diciembre de 1998, lo que pone en evidencia las dificultades
del Banco Central para mantener el ritmo de crecimiento de la emisión
en los niveles programados. Así, en diciembre de 1998, había
menos dinero en moneda nacional (-6.3%) que en diciembre de 1997. La liquidez
total en moneda nacional mostró también una contracción
de 1.6%, variable que había crecido en 21.9% y 25.6% a diciembre
de 1996 y a diciembre de 1997, respectivamente. Adicionalmente, la capacidad
del sistema bancario de expandir la liquidez a partir de la emisión
primaria (que se mide a través del multiplicador bancario) se redujo
en 6.6%, lo cual es resultado de un ligero incremento de la preferencia
por circulante (de 29.5% a 31%) y de una mayor tasa de encaje efectivo
implícita de los bancos (de 10.2% a 12.2%). Esta situación
se explica principalmente por la conducta de cautela adoptada por las
instituciones bancarias, motivada por el deterioro de la condición
de los sujetos de crédito.
La liquidez total de fin de periodo (expresada en dólares) mostró
una contracción de 4.2% (como puede observarse en el gráfico
5), resultado que se explica fundamentalmente por la fuerte debilidad
exhibida por su componente en moneda nacional frente al leve incremento
observado por la liquidez en moneda extranjera. En lo referente a la dolarización
del cuasidinero, no se observaron mayores cambios con relación
a 1997. Así, la participación del cuasidinero en moneda
nacional fue de 21.3% a fines de 1998 (24.1% a fines de 1997), mientras
que la correspondiente a su similar en moneda extranjera llegó
al 78.7%, en comparación con una tasa de 75.9% registrada a fines
de 1997.
INSERTAR GRÁFICO 5
En cuanto al crédito total del sistema bancario al sector privado
(expresado en dólares), el saldo de fin de periodo aumentó
en 5.1% con relación al de fines del año anterior. De manera
similar al caso de la liquidez, el componente de moneda nacional registró
la mayor caída (8%), mientras que el de moneda extranjera alcanzó
un incremento de 8.9%. La dolarización del crédito permaneció
en 80.1%, con lo cual se mantuvo una alta sensibilidad de la capacidad
de pago de los agentes económicos a las fluctuaciones del tipo
de cambio.
Los pasivos internacionales del resto del sistema bancario (sin BCR) disminuyeron
de US$ 3,832 millones en agosto de 1998 a US$ 2,803 al 31 de marzo de
1999. Ante la menor entrada de capitales y la abrupta reducción
de líneas de crédito con el exterior, el Banco Central reaccionó
con una reducción del encaje marginal y promedio en moneda extranjera
y con líneas de redescuento en moneda nacional y extranjera. Sin
embargo, los efectos sobre la oferta monetaria y el crédito total
no llegaron a ser compensados (ver gráfico 6).
INSERTAR GRÁFICO 6
Esta abrupta reducción de la oferta monetaria generó un
exceso de demanda en el mercado de dinero, provocando un aumento importante
en las tasas de interés en moneda extranjera y moneda nacional,
la que a su vez reflejaba la mayor devaluación esperada como resultado
de la escasez de la moneda extranjera. En los gráficos 7 y 8 se
observa la evolución de las tasas de interés interbancarias.
INSERTAR GRÁFICOS 7 Y 8
SECTOR FINANCIERO
Luego de la crisis rusa se observó un rápido movimiento
de los capitales hacia los bonos del tesoro norteamericano (flight to
quality), alterando la curva de rendimiento observada por estos títulos
de renta fija (ver gráfico 9).
INSERTAR GRÁFICO 9
La crisis rusa también provocó un rápido aumento
de los niveles de riesgo percibidos en las economías emergentes.
Aunque los mercados de capital distinguen niveles de riesgo distintos
en cada país, también se nota la enorme correlación
entre los mismos (efecto 'contagio'). La crisis en Brasil (a principios
de año) elevó nuevamente las primas de riesgos para los
países latinoamericanos, lo que motivó alzas adicionales
en sus tipos de cambio y retrasó el retorno de los capitales privados
(ver gráfico 10).
INSERTAR GRÁFICO 10
En los gráficos 11 y 12 se observa el comportamiento de las tasas
de interés activas promedio en ambas monedas, que reflejan el impacto
ocurrido en el mercado monetario, que posteriormente afectaría
al sector real.
INSERTAR GRÁFICOS 11 Y 12
De otro lado, la recesión y la devaluación real llevaron
a un aumento de la cartera pesada, requiriendo ésta, por consiguiente,
un mayor nivel de provisiones, el mismo que se incrementó sostenidamente
durante 1998 (ver gráfico 13).
INSERTAR GRÁFICO 13
En la etapa previa a la crisis, el Estado adoptó algunas medidas
aisladas orientadas a otorgar una mayor fortaleza al sistema financiero.
Entre ellas, el establecimiento de requerimientos de liquidez, medida
que estaba destinada a prevenir la aparición de descalces en los
plazos de las operaciones activas y pasivas de los bancos y, de esta manera,
disminuir la posibilidad de que los problemas de liquidez se tradujeran
luego en dificultades de solvencia. Asimismo, se modificó el Reglamento
de Provisiones, otorgándole un matiz más conservador. Igualmente,
la Superintendencia de Banca y Seguros (SBS) intervino algunas instituciones
bancarias, al tiempo que el gobierno disponía la emisión
de bonos del Tesoro para refinanciar la deuda atrasada, iniciativa que
tuvo pocos resultados por limitaciones en su diseño.
Como consecuencia del deterioro de la actividad económica y de
los shocks externos que se han venido sucediendo, los indicadores del
sistema bancario han terminado reflejando estos comportamientos. Así,
realizando una comparación entre la situación del sistema
bancario a marzo de 1998 y la observada a marzo del presente año,
se aprecia el deterioro de la calidad de cartera pesada (medida como la
cartera pesada con relación a las colocaciones brutas), incrementándose
la morosidad bancaria de 6.0% a 9.3%. Asimismo, disminuyó el nivel
de aprovisionamiento (provisiones por colocaciones con relación
a la cartera atrasada) de 83.4% a 75.8%. Por otra parte, la rentabilidad
(medida como la relación entre las utilidades netas y los ingresos
totales) de 5.3% obtenida en el primer trimestre de 1998, se redujo a
una tasa de 3.8% en el primer trimestre de 1999. Sin embargo, los niveles
de apalancamiento (relación entre los activos y créditos
contingentes ponderados por riesgo y el patrimonio efectivo ajustado por
inflación) y de solvencia (depósitos, bonos y adeudados
con relación al patrimonio) se han mantenido relativamente estables,
como resultado de incrementos en el patrimonio realizados por las empresas
bancarias (ver cuadro 3).
INSERTAR CUADRO 3
SECTOR FISCAL
Los ingresos tributarios, que en promedio se habían estancado entre
enero y setiembre de 1998, cayeron fuertemente a partir de octubre y no
se observa aún un cambio importante en este comportamiento. Sin
embargo, se espera que los ingresos comiencen a mostrar alguna mejoría
en la segunda parte del año. Asimismo, como se aprecia en el gráfico
14, los gastos del gobierno central mostraron también una nítida
tendencia negativa a lo largo de todo el año, que se exacerbó
en el último trimestre del año pasado. De esta manera, la
política fiscal se mostró firmemente procíclica,
intentando cumplir la meta de superávit primario acordada con el
FMI, la que -a pesar del ajuste- no se pudo alcanzar (1.2% de PBI contra
1.8% como meta planteada).
INSERTAR GRÁFICO 14
Los ingresos corrientes del gobierno central fueron equivalentes al 13.8%
del PBI, cifra que resulta 0.3% inferior a la obtenida el año anterior.
Destaca la mayor preponderancia de la recaudación por concepto
del impuesto general a las ventas sobre el total de ingresos (42%), pese
a las debilidades exhibidas por el sector comercial y al bajo dinamismo
de las importaciones.
En cuanto a los gastos corrientes del gobierno central, se registró
un incremento de la participación del gasto en remuneraciones y
compra de bienes y servicios (de 6.0% a 6.2% del PBI). Por otro lado,
la disminución del gasto de capital (de 4.5% a 4.2% del PBI) reflejó
la postura contractiva del sector público durante el año,
la misma que se acentuó, como ya se ha mencionado, hacia fines
de 1998.
En el primer trimestre de 1999, los ingresos fiscales vienen cayendo en
cerca del 10% en términos reales, lo que motivó un cambio
en la meta de resultado primario del sistema público no financiero
de 1.9% del PBI a 0.9%. Finalmente, en febrero se observó un fuerte
incremento del gasto del gobierno, lo que estaría reflejando las
autorizaciones de pagos pendientes a proveedores y algunas modificaciones
metodológicas.
SECTOR EXTERNO
Los impactos negativos de los términos de intercambio se aprecian
en el gráfico 15, los que, además de afectar al sector externo,
también operaron reduciendo el ingreso nacional. Al respecto, la
menor demanda por materias primas, resultado de la crisis asiática,
motivó que los precios promedio de las exportaciones disminuyeran
en mayor proporción (17.3%) que los precios de las importaciones
(4.6%). Estos efectos motivaron que los términos de intercambio
se deterioraran en 13.4%.
INSERTAR GRÁFICO 15
Las exportaciones durante 1998 sufrieron una fuerte contracción,
lo que refleja básicamente los efectos del Fenómeno El Niño,
a pesar de que la caída de los precios de los minerales fue en
parte compensada por la mayor extracción minera. De otro lado,
las exportaciones comenzaron a repuntar en el último trimestre
del año pasado, lo que aunado a la caída de las importaciones
durante ese mismo periodo, se reflejó en un déficit comercial
equivalente a apenas un tercio de los observados en los dos primeros trimestres.
En lo que va de 1999, las importaciones han acentuado su caída,
mientras que las exportaciones tradicionales se han visto fortalecidas
luego de la normalización de las condiciones climáticas
y de la entrada en explotación de nuevos yacimientos mineros. De
esta manera, el déficit comercial se ha cerrado en los últimos
trimestres, llegando a cerca de US$ 100 millones en el primer trimestre
de 1999.
De continuar la tendencia hacia la recuperación de las exportaciones
tradicionales y verificarse el comportamiento estimado para las importaciones
(se esperan tasas positivas a partir de mediados del tercer trimestre),
posiblemente se observaría un déficit comercial de alrededor
de US$ 1,100 millones (menos de la mitad de lo observado el año
pasado).
De otro lado, como reflejo del shock de términos de intercambio
y de la menor afluencia de capitales, el tipo de cambio real presentó
tendencias al alza, las que se acentuaron significativamente en los primeros
meses del presente año, luego de la crisis brasileña. Asimismo,
las expectativas de una menor inversión extranjera durante 1999
promovieron una depreciación acelerada del nuevo sol. Sin embargo,
luego del denominado hipo cambiario en febrero, que reflejó un
mal manejo de expectativas, el tipo de cambio nominal comenzó a
descender, lo que terminó reduciendo el tipo de cambio real observado
a partir de marzo. En el gráfico 16 se muestra la evolución
de esta variable. Al respecto, cabe mencionar que sería deseable
intentar, por medio de políticas públicas, mantener el nuevo
tipo de cambio real, en la medida de lo posible.
INSERTAR GRÁFICO 16
En los últimos 18 meses (anteriores a marzo, como se muestra en
el gráfico 17), se ha observado persistentemente una tasa de devaluación
mensual positiva, la que se acentuaba cuando ocurrían los respectivos
shocks ya mencionados. Sin embargo, en los últimos tres meses,
el ritmo de depreciación se ha detenido y recientemente revertido,
lo que refleja que buena parte del ajuste del tipo de cambio real ya se
habría dado, por lo que no existirían mayores presiones
al alza.
INSERTAR GRÁFICO 17
Por otro lado, la menor afluencia de dólares y las dificultades
fiscales provocaron una pérdida en el nivel de reservas internacionales
netas, la que fue originada en parte por la reducción del encaje
a los depósitos en moneda extranjera, problemas de financiamiento
del sector público y pérdidas en la posición de cambio
en el Banco Central (ver gráfico 18).
INSERTAR GRÁFICO 18
ALGUNOS COMENTARIOS FINALES
La demanda agregada interna viene cayendo en 7.8% en el último
trimestre del año pasado. Esta tendencia abiertamente contractiva
no podría ser contrapesada el primer semestre del presente año,
por lo que es previsible que la situación de escaso dinamismo de
la demanda interna se mantenga.
Durante mayo de 1999, aislando el efecto del rebote estadístico
luego del Fenómeno El Niño, la economía ha atravesado
por la fase recesiva del ciclo económico, con resultados trimestrales
negativos en la evolución de la demanda agregada (desde el tercer
trimestre de 1998). De esta manera, la economía llevaría
ya cuatro trimestres en una situación recesiva.
Sin embargo, ante la ausencia de nuevos shocks negativos, la tranquilidad
habría retornado a los mercados internacionales de capital y se
estaría produciendo una lenta reducción de la percepción
del riesgo país. Esto puede ser un indicador de que la economía
habría comenzado una lenta salida de esta fase del ciclo económico,
a pesar de la ausencia de medidas activas de política macroeconómica.
Este comportamiento se observaría tímidamente a partir del
tercer trimestre del año y con más fuerza en el último
trimestre, coincidiendo además con una esperada expansión
del gasto público en medio de un clima electoral, así como
una mayor expansión de crédito, condicionada a la reestructuración
empresarial.
Para los próximos meses se esperan marcadas tendencias de las tasas
de interés hacia la baja en ambas monedas. Asimismo, se estima
una drástica reducción del déficit externo con relación
al observado el año pasado. Finalmente, también se proyecta
una mayor estabilidad del tipo de cambio en el resto del año.
Lamentablemente, el resultado de crecimiento promedio en los años
1998-1999 sería de 1.3%, por lo que las respuestas de la economía
a los problemas de la pobreza y el subempleo habrían dejado de
avanzar, completando así una década que al iniciarse prometía
mejores resultados. En síntesis, en el periodo 1998-1999, los principales
factores que habrían contribuido significativamente a esta coyuntura
serían: la situación financiera internacional y la lentitud
-y casi inexistencia- de las respuestas por parte de las autoridades económicas.
LOS ACUERDOS CON EL FONDO MONETARIO
INTERNACIONAL EN LA PRESENTE DÉCADA
Durante la última década, las prioridades de la política
macroeconómica han ido cambiando.
En los primeros años, la preocupación principal fue el combate
a la inflación, la que pasó de 139% en 1991 a 10.2% en 1995.
En ese año, debido al gran dinamismo observado en la inversión
privada, a la caída del ahorro público durante la campaña
electoral y a la entrada de capitales de diversa índole, el déficit
de cuenta corriente en la balanza de pagos se incrementó por encima
del 7% del PBI. Lo elevado de esta cifra, con los recuerdos frescos de
la crisis mexicana luego del efecto 'tequila', motivó una gran
preocupación en las autoridades económicas y en el Fondo
Monetario Internacional (FMI).
Debido a ello, la política macroeconómica a mediados de
la década tuvo como objetivo principal el combate del déficit
externo, logrando su reducción de 7.3% del PBI en 1995 a 5.2% en
1997. Este déficit aumentó transitoriamente durante 1998,
principalmente por una caída del 16% en el valor de las exportaciones
FOB (US$ 1,091 millones) como reflejo del Fenómeno El Niño.
Como resulta claro, las prioridades fueron cambiando: de la reducción
de la inflación a la reducción del déficit en cuenta
corriente (ya que la inflación promedio se mantuvo alrededor de
11.3% entre 1995 y 1996, y cayó ligeramente a cerca de 7.9% entre
1997 y 1998).
Sin embargo, en 1999, tanto la inflación como el déficit
externo muestran una tendencia decreciente. Así, la tasa de crecimiento
anualizada del nivel general de precios de la economía peruana
(al mes de abril) es de 3.4%, mientras que el principal componente de
la brecha externa (el déficit comercial) ha mostrado una tendencia
hacia el equilibrio o ligeros superávit en los últimos tres
meses.
En la actualidad destaca nítidamente el problema de la recesión
económica, que debería convertirse en la principal preocupación
de las autoridades económicas. Sin embargo, el mantenimiento del
equilibrio fiscal en un contexto de caída de ingresos tributarios
y la firma del acuerdo con el FMI, que en otro contexto internacional
resultaron suficientes para un sano desenvolvimiento de las actividades
económicas, ahora resultan claramente insuficientes para resolver
el problema del estancamiento productivo.
Lamentablemente, las autoridades económicas se vienen aferrando
a las mismas recetas que sirvieron para disminuir la inflación
y el déficit externo, cuando la realidad indica que ahora el problema
macroeconómico prioritario ha cambiado.
En Macroconsult observamos con gran preocupación la evolución
de la economía desde el último trimestre del año
pasado, cuya actual situación podría mantenerse los primeros
tres trimestres de este año, de no alterarse el manejo de las herramientas
principales de la política macroeconómica. Como es sabido,
según diversos estudios sobre la materia, la solución de
los problemas de pobreza y subempleo/desempleo requiere un crecimiento
sostenido de la economía peruana (entre 5% y 6% anual) en los próximos
10 años. Por ello, dado que el crecimiento promedio de los últimos
dos años sería de apenas 1.3%, la solución de los
problemas anteriores estaría sufriendo un fuerte retroceso. Asimismo,
la situación en el nivel empresarial y del sistema financiero se
viene manteniendo bajo un fuerte stress.
La economía peruana, que venía mostrando un desempeño
relativamente favorable, sufrió fuertes choques de naturaleza exógena
como el Fenómeno El Niño, la crisis asiática, la
crisis rusa y finalmente la crisis brasileña, las que terminaron
poniendo al descubierto sus principales debilidades.
Estos puntos débiles son la enorme dependencia de los flujos de
corto plazo, que han financiado tanto el déficit externo como la
expansión de la oferta total de dinero (soles y dólares),
que ha sido consistente con los niveles observados en la actividad económica.
Asimismo, la crisis rusa ha revelado la debilidad de la política
monetaria en moneda nacional, en un contexto de total apertura financiera
y elevada dolarización del sistema financiero. Esta debilidad en
el manejo de la demanda interna aparece, por ejemplo, cuando la tasa de
inflación cae por debajo de la meta de inflación del Banco
Central. Si esto ocurre, el ente emisor debería reaccionar con
un aumento de la oferta monetaria (inversamente a lo que haría
en el caso de una tasa de inflación mayor a su meta de inflación).
De esta forma, parecería que la economía nacional habría
perdido el ancla nominal que sus autoridades decían tener bajo
control. Ante esta situación, sin embargo, podría plantearse
un mayor seguimiento de aquellos indicadores de inflación cuya
volatilidad se encuentre menos expuesta a factores exógenos, tales
como la inflación subyacente.
Esta debilidad de la política monetaria, o la renuencia a utilizar
todos los mecanismos a su alcance para alterar la evolución de
la oferta total de dinero, recarga el peso de la conducción macroeconómica
a la evolución de la política fiscal.
Esta última ha sido la herramienta principal, a través de
las metas de superávit primario, para el combate del elevado déficit
externo. Por ello, dado que el déficit externo se viene reduciendo
fuertemente, la política fiscal tendría que ser utilizada
como mecanismo anticíclico, algo que lamentablemente no ocurrirá
si se cumplen las metas acordadas con el FMI.
A continuación se presenta un breve análisis de los Acuerdos
de Facilidad Ampliada que Perú suscribió con el Fondo Monetario
Internacional.
BREVE ANÁLISIS DE LOS ACUERDOS DE FACILIDAD
AMPLIADA CON EL FMI EN LOS AÑOS NOVENTA
En la medida en que la Carta de Intención constituye una exposición
del gobierno sobre su política económica, es el medio por
el cual se puede realizar una evaluación de sus logros y de sus
compromisos pendientes. En mayo de 1998, al firmar el segundo Acuerdo
de Facilidad Ampliada (AFA), el gobierno señaló que no firmaría
uno nuevo, por lo que aquélla sería la última Carta
de Intención a firmarse en la presente década. Sin embargo,
en enero de 1999, dada la crisis de confianza hacia los mercados emergentes
y además para afirmar la credibilidad del nuevo ministro de Economía
(quien había estado ocupando previamente la Presidencia del Congreso),
el gobierno decidió firmar un tercer Acuerdo de Facilidad Ampliada
para el periodo 1999-2001.
El artículo se inicia con una revisión de los antecedentes
del Programa de Acumulación de Derechos (PAD) al que Perú
debió acogerse en 1991 para hacerse merecedor a un AFA, luego de
haber permanecido por un periodo en situación de inelegible en
cuanto al uso de los recursos del FMI.
Posteriormente, se analiza el cumplimiento de los objetivos y las medidas
que el gobierno se comprometió a ejecutar en las anteriores Cartas
de Intención suscritas. Finalmente, se realiza una evaluación
del cumplimiento de los AFA no sólo en términos cuantitativos
sino también de las metas cualitativas vinculadas a reformas estructurales,
tales como el proceso de privatización y la reforma del Estado.
ANTECEDENTES
En 1982, en América Latina se inició la crisis de la deuda
externa, luego de que México anunciara su incapacidad para cumplir
sus obligaciones con el exterior. En Perú esta situación
se agudizó en 1985, cuando el gobierno de Alan García anunció
la moratoria unilateral del servicio de la deuda externa. En la práctica,
ello significó automarginarse del FMI, puesto que el país
fue declarado como inelegible para nuevos préstamos de esta institución.
En agosto de 1990, el gobierno del Presidente Fujimori inició las
acciones para lograr los siguientes objetivos: la estabilización
macroeconómica y la reinserción de Perú en la comunidad
financiera internacional, especialmente con las instituciones financieras
multilaterales.
De este modo, se iniciaron las conversaciones con el FMI para la normalización
de las relaciones con esta institución, lo que llevó a un
Programa de Acumulación de Derechos (PAD), el cual fue suscrito
en setiembre de 1991. El PAD es un mecanismo diseñado de manera
expresa para lograr la normalización de las relaciones con el FMI
y consiste, básicamente, en el cumplimento de metas trimestrales
dentro de un programa económico previamente acordado. Así,
el país acumula derechos especiales de giro (DEG) hasta por el
monto de sus atrasos, los cuales son posteriormente regularizados en un
nuevo acuerdo con el FMI. Así, el Perú suscribió
el PAD hasta por DEG 623.7 millones, equivalentes a US$ 842 millones.
Pasada esta primera etapa y habiendo cumplido con todos sus compromisos,
Perú pudo acceder a un AFA, mecanismo ordinario del FMI, cuyo desembolso
permite efectivamente la refinanciación de los saldos impagos.
En el marco de este programa, se regularizaron las deudas con los acreedores
del Club de París en 1991 y se completó la eliminación
de los atrasos con las instituciones financieras internacionales en marzo
de 1993. Posteriormente, el país firmó un nuevo AFA para
el periodo 1996-1998, el cual en 1996 permitió reprogramar la deuda
para el periodo 1996-2010.
OBJETIVOS PRINCIPALES DE LOS AFA 1993-1995 Y 1996-1998
Un objetivo básico de los programas respaldados por el FMI consiste
en llevar a cabo un ajuste ordenado de los desequilibrios macroeconómicos,
para lograr una posición externa sostenible en el mediano plazo.
Asimismo, se busca promover las reformas estructurales para que los mecanismos
de mercado logren liderar el proceso de crecimiento económico.
De esta manera, los programas buscan alcanzar los principales objetivos
macroeconómicos del país. La meta de mantener una balanza
de pagos viable a mediano plazo está estrechamente vinculada con
la especificación de objetivos macroeconómicos internos:
la diferencia entre el gasto y los ingresos internos que se toman como
objetivo no debe superar el monto de la deuda externa adicional, para
no incrementar excesivamente la carga relativa del servicio de la deuda.
La relación entre equilibrio externo e interno sirve de base para
determinar los ajustes macroeconómicos que deban efectuarse, los
cuales se lograrán mediante un conjunto de medidas que pueden promover
o no el crecimiento económico a largo plazo. Es decir, el equilibrio
es una condición necesaria pero no suficiente para el crecimiento
sostenido. Aun más, cuando se utilizan deficientemente los recursos
y las tasas de crecimiento económico son insuficientes, es necesario
emprender reformas de diversa índole cuyo objetivo sea incrementar
la eficiencia y desarrollar los mercados.
En los programas del FMI, por lo general, se han combinado medidas encaminadas
a reducir la demanda agregada interna con medidas de promoción
de las exportaciones. La disminución del gasto se logra a través
de una amplia gama de medidas que permiten corregir las distorsiones de
precios, tales como las cambiarias y de otro género (la liberalización
de los controles de precios y las restricciones comerciales cuantitativas).
De esta manera, alcanzar el equilibrio interno y la viabilidad externa
requiere vigilar el comportamiento de los resultados de inflación
y de déficit en cuenta corriente, los que se presentan a continuación.
Según el marco de análisis de los programas macroeconómicos,
para el FMI, el crecimiento económico sería el resultado
de un conjunto de políticas y no una meta que requiere de instrumentos
específicos.
Inflación
En este frente es donde más se ha avanzado: se ha conseguido reducir
la inflación casi de manera sostenida entre 1990 y 1998, con excepción
de 1996. Este buen resultado puede atribuirse en parte a la política
monetaria, pero también en parte importante a la fuerte entrada
de capitales, lo que explicó el bajo nivel y relativo estancamiento
del tipo de cambio real mostrado hasta 1997.
Ello se aprecia más claramente si se comparan los objetivos de
las anteriores Cartas de Intención con los resultados alcanzados.
En 1991 y 1992, resultaba aún difícil conocer el grado de
efectividad de la política monetaria sobre el control de la inflación.
Justamente, reconociendo esta dificultad, las metas cuantitativas de inflación
no figuran en los AFA ni en las Cartas de Intención de manera puntual,
sino dentro de una banda, excepto en 1993 (ver gráfico 19). Cabe
señalar, adicionalmente, que la meta intermedia de emisión
primaria sólo apareció en 1994 y 1995, para posteriormente
dejar de publicarse explícitamente (ver gráfico 20). Ello
puede ser producto de un reconocimiento tácito a que la existencia
de un alto grado de dolarización de precios dificulta el control
efectivo de la inflación. Así, un régimen de flotación
del tipo de cambio hace que las metas inflacionarias tengan rangos relativamente
amplios. Por ello, la existencia de "metas de inflación"
genera cierta desconfianza en el ancla nominal escogida y hace pensar
en la superioridad de metas de inflación subyacente.
INSERTAR GRÁFICOS 19 Y 20
Déficit en cuenta corriente
El déficit en cuenta corriente puede reducirse mediante la disminución
del gasto, entendido como el total de consumo e inversión de los
residentes en el país con relación al ingreso, o mediante
el aumento del ingreso con relación al gasto. Por lo general, es
más fácil reducir el gasto que aumentar la producción.
Por ello, las medidas que afectan el gasto suelen aplicarse -en primer
lugar- cuando urge lograr una acelerada disminución del déficit
en cuenta corriente. El modo más directo de reducir esta demanda
es mediante la combinación de una reducción del gasto del
sector público y un aumento del tipo de cambio o de las tasas de
interés; de otro lado, un incremento del nivel de impuestos también
puede lograr esta disminución del consumo y la inversión
privados.
Luego de un programa de reformas estructurales es natural que se produzca
un aumento importante de la inversión de manera inmediata (ver
gráfico 21), mientras que el crecimiento del ahorro tarda en realizarse,
produciéndose luego de algunos años de alto crecimiento
(ver gráfico 22). Ello puede significar un deterioro temporal del
saldo en cuenta corriente de la balanza de pagos. Al respecto, esta magnitud
del déficit externo fue la que llegó a preocupar a las autoridades
económicas y al FMI en los últimos años. Por ello,
en las Cartas de Intención se establecen metas explícitas
de déficit permisible, las cuales se han cumplido de manera consistente,
excepto en 1995, cuando el gasto público en que incurrió
el gobierno llevó dicho déficit a 7.3% del PBI (ver gráfico
23). Es importante destacar que en 1998 tampoco se cumplió esta
meta por la incidencia de factores exógenos, como el Fenómeno
El Niño y la crisis asiática, los que se reflejaron finalmente
en un déficit en cuenta corriente de 6.0% del PBI.
INSERTAR GRÁFICOS 21, 22 Y 23
En resumen, se puede ver que en materia de estabilización macroeconómica,
se ha logrado resolver la mayoría de los problemas urgentes que
enfrentaba el país al inicio de la década de los noventa.
Sin embargo, aún faltan resolver temas importantes, tales como
el manejo de la demanda agregada y la alta dolarización.
Crecimiento
A la vez que influye sobre los precios internos, la alta dolarización
de la economía y la irrestricta apertura financiera hacen perder
al gobierno el control y la efectividad de la política monetaria;
por consiguiente, el manejo de la demanda agregada. Por esta razón,
se ha venido utilizando la política fiscal como el instrumento
más importante de regulación macroeconómica. Sin
embargo, ésta no es una situación deseable, dado que la
política fiscal debería concentrarse en la eficiencia de
los gastos y de la recaudación.
De otro lado, a pesar de la intervención fiscal, el PBI y la demanda
agregada han fluctuado más de lo previsto en los acuerdos con el
FMI. Como se puede apreciar en el gráfico 24, el crecimiento acordado
(supuesto) con el FMI debería haberse situado entre 3% y 7%, en
todos los años comprendidos entre 1993 y 1998. Adicionalmente,
el uso activo de la política fiscal debería haber servido
como estabilizador de la economía. No obstante, la volatilidad
observada ha sido mayor que la prevista, a lo cual ha contribuido el carácter
procíclico adoptado por la política fiscal, que ha acentuado
los ciclos económicos en lugar de aminorarlos. Por ejemplo, el
crecimiento en 1994 fue de 13.1%, mientras que por efecto del "enfriamiento"
provocado por el severo ajuste fiscal de 1996, ese año el crecimiento
fue sólo de 2.5%. En general, el crecimiento ha sido mayor que
el "acordado" con el FMI cuando el supuesto implicaba un mayor
crecimiento; y ha sido menor, cuando el supuesto implicaba un menor crecimiento.
Este conservadurismo genera problemas de credibilidad en los supuestos
de crecimiento (por parte del sector privado).
INSERTAR GRÁFICO 24
LINEAMIENTOS, METAS Y POLÍTICAS DEL PROGRAMA
ECONÓMICO EN EL MARCO DEL AFA
Sectores
Sector fiscal
En los dos AFA suscritos por Perú, la política fiscal buscó
eliminar el déficit del sector público, a la vez que generar
un superávit primario que pudiera asegurar el cumplimiento del
cronograma de pagos de la deuda externa. Así, como se observa en
el gráfico 25, las metas de superávit primario (entendido
como el resultado de las operaciones del sector público no financiero,
sin considerar ingresos por privatización ni gasto en intereses
de la deuda) fueron cumplidas con holgura en 1993 y 1994. Ello no ocurrió
en 1995, puesto que cuando se esperaba alcanzar un superávit primario
de 0.8% del PBI, el resultado efectivo fue solamente de 0.3%, debido al
incremento del gasto del gobierno realizado con fines electorales. Según
el AFA para 1996-1998, los superávit serían crecientes (originalmente
1.0%, 1.5% y 2.0%, para cada año sucesivo; renegociados posteriormente
a 1.0%, 1.3% y 1.7% del PBI, respectivamente), con la finalidad de generar
una mayor capacidad de pago de la deuda y de contribuir a reducir la dependencia
del ahorro externo, y revertir así el deterioro del tipo de cambio.
Las metas renegociadas se cumplieron en 1996 y en 1997; sin embargo, la
meta de superávit primario para 1998 no se alcanzó, obteniéndose
un resultado de 1.2% del PBI. La razón fue la contracción
de los ingresos fiscales, registrada tanto en el segundo como en el cuarto
trimestre del año pasado, y el incremento del gasto para las obras
de rehabilitación y reconstrucción por el Fenómeno
El Niño.
INSERTAR GRÁFICO 25
Asimismo, dentro de los criterios cuantitativos de evaluación,
se establecen topes al monto de financiamiento interno del sector público.
La fijación de topes al monto del endeudamiento externo y el financiamiento
bancario al sector público son importantes, porque constituyen
un medio para controlar la magnitud del déficit del sector público
consolidado. De este modo, el aumento del gasto público depende
del incremento de la presión tributaria, buscando gradualmente
mayor eficiencia en la recaudación por parte de la Superintendencia
Nacional de Administración Tributaria (SUNAT) -ver gráfico
26-. Paralelamente, con la reestructuración del gasto público,
las inversiones se destinaban a obras de infraestructura pública
en educación, salud y redes viales, que devienen en esenciales
para elevar el nivel de vida de la población y facilitar la inversión
privada.
INSERTAR GRÁFICO 26
En los acuerdos, el gobierno se compromete a un estricto control del gasto
y a supervisar los desembolsos para proyectos que requieren financiamiento
externo. Del mismo modo, también se viene aplicando una política
de salarios acorde con la caja del Tesoro Público. Además,
se ha fortalecido la coordinación entre la administración
central, el Comité de Caja del Tesoro Público, el Fondo
Nacional para la Vivienda (Fonavi), el Instituto Peruano de Seguridad
Social (IPSS) -hoy ESSALUD- y la Oficina de Normalización Previsional
(ONP). Sin embargo, el control del gasto no resultó efectivo en
el periodo electoral de 1995 y se prevé que tampoco lo sería
hacia finales de este año, debido a la cercanía de las elecciones
presidenciales del año 2000 (ver gráfico 27).
INSERTAR GRÁFICO 27
Sector monetario
Antes de 1990, el Estado intervenía en la economía mediante
el control de las tasas de interés y de los coeficientes de crédito.
La reforma del sistema bancario liberó las tasas de interés
(se determinarían en el mercado) e incluyó la reorganización
de la Superintendencia de Banca y Seguros, el desarrollo de un sistema
de seguro para los depósitos, y el incentivo a la competencia para
reducir los márgenes bancarios y los costos del crédito.
En 1992 se promulgó la nueva ley orgánica del BCR, que eliminó
el mecanismo por el cual podía otorgar crédito al sector
público no financiero para financiar el déficit fiscal.
Asimismo, la política monetaria fue reforzada a través del
desarrollo de instrumentos de operaciones de mercado abierto y del mejoramiento
del sistema de intervención en el mercado cambiario (por medio
de la compra o venta de dólares), lo que permitiría disminuir
el exceso de oferta de dólares generado por la mayor afluencia
de capitales privados. En ese sentido, a través del control de
la base monetaria, el BCR ganó capacidad de maniobra para lograr
el objetivo principal de reducir la inflación. De esta manera,
el Banco Central ha venido aplicando una política monetaria acorde
con el logro de dicho objetivo. Para ello, el gobierno se comprometió
a establecer metas de crecimiento de la base monetaria, límites
al crédito interno neto del BCR y al crédito al sector público,
y también niveles mínimos de acumulación de reservas,
los cuales se han venido cumpliendo de manera relativamente satisfactoria.
Así, la reducción de la inflación serviría
como instrumento para incrementar gradualmente la monetización
de la economía.
Sector externo
En 1990, Perú se encontraba en uno de sus niveles más bajos
de comercio internacional, lo que incluía la aplicación
de una serie de restricciones para-arancelarias y arancelarias, así
como una tasa de cambio sobrevaluada, que favorecía a los consumidores
urbanos y perjudicaba a las exportaciones y a la producción agrícola.
A partir de 1991 se inició la aplicación de un conjunto
de medidas para eliminar las restricciones al comercio internacional y
promover las exportaciones y la inversión extranjera. Así,
el país se comprometió a no imponer nuevas restricciones
arancelarias o para-arancelarias a las importaciones y a establecer un
arancel único uniforme, a más tardar en 1995. Además,
se dispuso que no se autorizaría la aplicación de nuevos
CERTEX, y los que en ese momento estuviesen pendientes de cancelación
no serían renovados. Del mismo modo, se eliminaría la sobretasa
de importación a los alimentos (lo que hasta ahora no se ha cumplido),
así como los monopolios, y se desarrollaría un mecanismo
consistente con los acuerdos del GATT para resolver las denuncias sobre
prácticas de dumping. Asimismo, el gobierno se comprometía
a promover la entrada de capitales privados, básicamente los destinados
a inversión extranjera directa.
En cuanto a la política cambiaria, se flexibilizó el tipo
de cambio, de modo que sea determinado por la oferta y la demanda. El
BCR se comprometió a mantener el tipo de cambio flotante, interviniendo
para alcanzar las metas acordadas de reservas, pero siempre cumpliendo
las metas monetarias y el resto de objetivos del programa. Asimismo, se
acordó no poner trabas a los pagos para transacciones corrientes
y a los pagos de deuda del sector público. En ese sentido, el AFA
1993-1995 menciona que el BCR desarrollaría operaciones de mercado
abierto para facilitar una intervención más activa en el
mercado cambiario y evitar movimientos bruscos del tipo de cambio, lo
que se mantiene en el AFA 1996-1998.
Uno de los principales objetivos del programa económico es alcanzar
la viabilidad de la balanza de pagos. Para ello, en primer lugar, se buscó
solucionar los atrasos con los acreedores externos y, en segundo término,
alentar el crecimiento de las exportaciones, tanto tradicionales como
no tradicionales.
En 1996 se firmó el segundo Acuerdo de Facilidad Ampliada para
el periodo 1996-1998, buscando concluir la operación tanto de reducción
de la deuda externa como de su servicio. Así, en julio de 1996,
el gobierno obtuvo un acuerdo con los países acreedores del Club
de París y refinanció el vencimiento del servicio de la
deuda del periodo 1996-1998. Además, redistribuyó el cronograma
de pagos del saldo de la deuda previamente consolidada, disminuyendo significativamente
su servicio en el periodo 1999-2007. De otro lado, se concluyeron las
negociaciones bilaterales con todos los acreedores miembros del Club de
París. En marzo de 1997, Perú finalizó la operación
de reducción de deuda y de su servicio con los acreedores comerciales
con un Acuerdo Brady, que fue financiado con préstamos obtenidos
del FMI, el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID)
y el Eximbank de Japón. En la actualidad, el gobierno ya ha regularizado
sus relaciones con la mayoría de los acreedores oficiales bilaterales
no pertenecientes al Club de París, incluida la Federación
Rusa, y ha iniciado acciones para normalizar sus relaciones con los pocos
acreedores pendientes hasta el momento.
Como en 1997 el gobierno ya había regularizado sus relaciones con
la mayoría de los acreedores, incluyendo los del Plan Brady y el
Club de París, fue posible reducir los intereses de la deuda externa
y el déficit en cuenta corriente, a la vez que se otorgaban facilidades
para el cumplimiento del cronograma de pagos de la deuda externa.
En abril de ese mismo año, para fortalecer la integración
de Perú a la economía mundial y mejorar su competitividad
externa, el gobierno redujo los aranceles de 15% a 12% y de 25% a 20%,
e introdujo una sobretasa temporal de 5% sobre el valor de las importaciones
de ciertos productos agrarios y agro-industriales. Además, el país
se reintegró al Grupo Andino y, a partir de 1998, se hizo miembro
del Foro de Cooperación Asia-Pacífico (APEC). Importantes
aspectos adicionales han sido la creación de PROMPEX, con el fin
de promover las exportaciones y el inicio del proceso de perfeccionamiento
de la Ley de Aduanas, que simplifica y consolida las regulaciones aduaneras.
Reformas estructurales
El proceso de negociación con el FMI no culmina con la estabilización
sino que continúa, con miras al objetivo de aumentar la eficiencia
global de la economía y alcanzar su sostenibilidad de largo plazo.
Para ello, Perú inició una serie de reformas que pueden
ser agrupadas dentro de las categorías que a continuación
se presentan.
Reforma comercial
La liberalización del comercio iniciada en agosto de 1990, aun
antes de iniciar el proceso de reinserción internacional, llevó
a que la tasa arancelaria promedio se redujera de 66% en 1989 a 26%. Las
posteriores negociaciones con el FMI buscaron que Perú se atuviera
a las recomendaciones de la Organización Mundial de Comercio (OMC)
y que una vez que estableciera una reducción de aranceles a productos
específicos, no los incrementara nuevamente. El objetivo era llegar
a una tasa arancelaria única, que inicialmente se debió
alcanzar en 1995, meta que no fue cumplida. Cabe señalar que no
se ha indicado, en forma explícita, cuándo sería
alcanzado dicho objetivo. Hasta la fecha, Perú ha reducido las
diferentes tasas arancelarias a únicamente tres, aunque mantiene
sobretasas temporales. A pesar de todo, en 1997, la tasa arancelaria promedio
fue de 12% y el comercio exterior representó solamente el 23.5%
del PBI, lo cual indicaría la falta de un mayor desarrollo del
sector externo y la necesidad de completar aspectos importantes del proceso
de liberalización comercial.
Reforma del Estado
Dos de los problemas más importantes por los que atravesaba el
país al inicio del proceso de negociación con el FMI eran:
el mantenimiento de empresas estatales proveedoras de servicios públicos
y la ineficiencia en la recaudación tributaria por la existencia
de un considerable número de impuestos y exoneraciones. Para solucionar
el primero, Perú se comprometió a iniciar un proceso de
privatización y a establecer organismos reguladores de naturaleza
sectorial. En ese sentido, se crearon instituciones como el Instituto
de Defensa de la Libre Competencia y la Propiedad Intelectual (Indecopi),
el Organismo Supervisor de la Inversión Privada en Telecomunicaciones
(Osiptel), la Superintendencia Nacional de Servicios de Saneamiento (Sunass)
y el Organismo Supervisor de la Inversión Privada en Energía
(Osinerg), entre otras.
Con la finalidad de resolver el segundo problema, se asumió el
compromiso de fortalecer la administración tributaria mediante
la creación de la SUNAT y el mejoramiento del sistema de Aduanas,
al tiempo que se redujo el número de impuestos sobre los que descansaría
la recaudación tributaria. Con relación a esto último,
el PAD incluía la reestructuración del sistema tributario
a sólo cuatro impuestos (renta, IGV, ISC y aranceles), la aplicación
de una tasa de IGV de 18% y la reducción de exoneraciones al impuesto
a la renta. Asimismo, se planteó que el Código Tributario
debía estar listo a más tardar el 30 de setiembre de 1992.
Al respecto, todas estas disposiciones fueron cumplidas.
En materia tributaria, el avance ha sido significativo. En 1991, con la
mencionada creación de la SUNAT en reemplazo de la Dirección
General de Contribuciones (DGC), se inició también el proceso
de modernización del Estado. En 1992 se implementó un nuevo
sistema tributario, basado en los impuestos ya mencionados. En el AFA
para 1993-1995, se reforzó la administración tributaria
a través de la expansión de la base de datos de los contribuyentes.
También se llevó a cabo una reforma integral de la administración
de aduanas y se emprendió un plan de lucha contra el contrabando,
aunque eventos anecdóticos recientes arrojan dudas en la opinión
pública.
Durante el AFA para 1996-1998 se buscó seguir incrementando los
ingresos corrientes, principalmente mediante el aumento del número
de contribuyentes y de auditorías; y, a partir de junio de 1996,
se implementó el programa de cruce de información entre
las declaraciones de los principales contribuyentes, fortaleciendo de
esta forma la fiscalización y la eficiencia en la recaudación.
De otro lado, se incrementó la severidad de las acciones legales
contra los infractores; al respecto, destaca el aumento de la pena máxima
privativa de libertad de 6 a 12 años y el mejoramiento del intercambio
de información entre la SUNAT y Aduanas.
Reforma del sistema financiero
Tal como se acordó en 1992, se creó el Sistema de Fondos
Privados de Pensiones a la vez que el Estado asumió los pasivos
del Instituto Peruano de Seguridad Social (IPSS), mediante la emisión
de bonos de reconocimiento para los trabajadores que se trasladaran al
nuevo sistema de pensiones.
Asimismo, en diciembre de 1992, se promulgó la ley orgánica
del BCR, tal como estaba previsto, al mismo tiempo que se asumió
el compromiso de no reducir los requerimientos de encaje en moneda extranjera
debido a sus efectos sobre la creación secundaria de dinero y,
como consecuencia, sobre el tipo de cambio. Por su parte, el gobierno
también dispuso la reducción de las operaciones del Banco
de la Nación como organismo financiero, lo cual se cumplió.
Privatización y concesiones
Uno de los principales compromisos que asumió Perú fue la
transferencia de empresas públicas al sector privado y la creación
de condiciones que fomenten la participación de los agentes privados
en la producción.
De esta manera se creó la Comisión de Promoción a
la Inversión Privada (COPRI), como organismo encargado de la venta
de unidades del Estado al sector privado. A la fecha, esta institución
ha logrado ingresos cercanos a los US$ 8,650 millones y compromisos de
inversión de alrededor de US$ 7,040 millones, habiéndose
cumplido la mayor parte de los compromisos establecidos en los AFA y en
las Cartas de Intención. En este sentido, el AFA para el período
1993-1995 contemplaba la venta de las empresas Petromar, Transoceánica
y Serpetro, de la Compañía Peruana de Teléfonos (CPT),
la Empresa Nacional de Telecomunicaciones (Entel) y de un tercio de los
activos de Centromin Perú, así como parte de la red de distribución
o de la capacidad generadora de Electrolima. Por otro lado, se incluía
además el inicio del proceso de privatización de Electroperú.
Estos compromisos fueron cumplidos con excepción del caso de Electroperú,
en el cual se presentaron retrasos en la venta de las empresas que conformaban
su red de generación y distribución.
Por su parte, en el AFA correspondiente al período 1996-1998, las
reformas estructurales cuya ejecución se tenía programada
incluían como un aspecto principal el proceso de transferencia
de Petroperú, empresa pública que se encargaba de manera
exclusiva de la producción, refinación y distribución
de petróleo y derivados. De esta forma, se tenía prevista
la venta de la refinería de La Pampilla, el lote petrolero 8/8x,
la refinería de Talara, el lote petrolero 10/11 y terminales petroleros.
Supuestamente, todas las unidades operativas de Petroperú debieron
haberse transferido antes de fines de 1997, según la Carta de Intención
de 1996. Sin embargo, hasta la fecha, de estas unidades solamente la refinería
de La Pampilla fue transferida al sector privado (aunque en un 60%), así
como la de Pucallpa. Como resultado, la refinería de Talara aún
permanece en manos del Estado, al igual que las de Iquitos y Conchán,
así como el Oleoducto Nor-Peruano. A pesar de que se anunció
que su transferencia se realizaría antes de fines de 1998, ello
no se produjo debido al elevado costo político implícito
percibido por las autoridades.
En cuanto a otros compromisos asumidos en el segundo Acuerdo de Facilidad
Ampliada, a inicios de 1996, el gobierno privatizó la compañía
de acero SiderPerú, programando además la venta del 60%
de la compañía eléctrica Egenor de Electroperú,
acciones de Telefónica del Perú, unidades operacionales
de la compañía minera Centromin Perú y plantas de
harina de pescado de Pescaperú. Por otra parte, anunció
el inicio del proceso de privatización de los servicios de la empresa
portuaria (Enapu) y de la compañía nacional de ferrocarriles
(Enafer). La mayoría de estos compromisos fueron cumplidos en forma
satisfactoria, con excepción de los procesos de privatización
en los sectores de electricidad y de transporte ferroviario, los cuales
continúan registrando retrasos en comparación con los objetivos
planteados inicialmente. De este modo, a pesar de los avances mostrados
en el campo de la privatización, existen compromisos pendientes
relevantes.
Asimismo, el proceso de concesiones, esquema en el que se transfiere un
activo estatal al sector privado para su usufructo por un tiempo determinado,
ha sufrido un importante retraso, aunque por razones no atribuibles al
Estado. Ello puede deberse a factores como el Fenómeno El Niño,
que por sus efectos sobre los activos actúa temporalmente como
un factor en contra de la dinámica del proceso, por lo que para
1999 no se espera que se presenten ese tipo de contratiempos.
El tercer Acuerdo de Facilidad Ampliada: 1999 - 2002
Dentro de la propuesta del memorándum de políticas económicas
y financieras del gobierno peruano para el periodo abril 1999-marzo 2002,
que se acordaría con el Fondo Monetario, destaca el supuesto de
crecimiento económico planteado (entre 3 y 4%), el cual se enmarca
dentro de las proyecciones del FMI. Sin embargo, tales cifras estarían
asumiendo implícitamente una recuperación más rápida
que la esperada en la actividad económica de los sectores de demanda
(industria manufacturera no primaria, construcción, comercio y
servicios), la cual podría verse retardada por la prolongación
y el retraso de la salida del círculo vicioso (en el ámbito
financiero) en el que se encuentra actualmente la economía peruana,
como resultado del quiebre del circuito de pagos y la continuación
de las restricciones de liquidez y crédito internacionales. En
este sentido, las expectativas de los agentes económicos privados
tenderían más bien hacia una recuperación gradual
del ritmo de actividad económica en los sectores de demanda, en
la medida en que continúen existiendo restricciones de financiamiento
externo e interno.
El nuevo Acuerdo de Facilidad Ampliada (AFA) plantea la canalización
de recursos públicos, a través de Cofide, para la reestructuración
de la deuda privada con la banca nacional, buscando inyectar liquidez
al sistema bancario. Esta medida tendría como objetivo mejorar
la situación económica-financiera de las empresas, que les
permita recuperar la condición de sujeto de crédito, lo
cual a su vez haría más dinámica la intermediación
en el sistema financiero. Asimismo, dado que este proceso estaría
acompañado por el fortalecimiento paulatino de la demanda interna
(consumo e inversión privados), básicamente a partir de
mediados del tercer trimestre, podría producirse una reversión
de las expectativas de los agentes privados no residentes, de la cual
resultaría un incremento del flujo de capitales hacia la economía
peruana.
Con relación a las metas fiscales establecidas, el reciente AFA
pretende alcanzar un superávit primario del sector público
consolidado (sin considerar privatizaciones) de 0.9% del PBI en 1999,
afirmándose que si los ingresos fiscales registran niveles por
debajo de los programados, el gobierno tomaría las medidas necesarias
para lograr la meta programada. Sin embargo, dada la evolución
de los ingresos en lo que va de 1999, así como las perspectivas
de la actividad económica para los próximos meses, cabría
la posibilidad de esperar un nivel de ingresos corrientes inferior al
estimado por el gobierno. Por otro lado, la coyuntura electoral para el
período 1999-2000, permitiría suponer que el gasto y la
inversión del SPNF superarían moderadamente los niveles
implícitos en el Acuerdo con el FMI. Como consecuencia, se esperaría
un superávit primario significativamente menor a la meta propuesta
por el gobierno en el AFA.
En cuanto a la inversión y el ahorro, se tiene que la inversión
(como porcentaje del PBI) experimentó un crecimiento en los últimos
años. Sin embargo, en el AFA se plantea una meta de 22.9% para
1999 y 23.8% para el 2001, cifras que resultan inferiores a las registradas
en 1997, lo cual evidenciaría principalmente la contracción
experimentada por la inversión privada durante 1998, la que continuaría
en 1999 y solamente se revertiría ligeramente en el año
2000. Por su parte, el ahorro interno disminuyó, como porcentaje
del PBI, de 19.3% en 1997 a 18.6% en 1998, debido a los menores ingresos
por la menor actividad económica. Para el presente año,
el gobierno estima (tal y como lo ha reflejado en el AFA) que el ahorro
interno representaría el 17.8% del PBI, mientras que para el año
2001 dicho ahorro llegaría al 19.0% del PBI; al igual que en el
caso de la inversión, estas cifras resultarían inferiores
a las registradas en 1997.
Con respecto al ahorro externo, el gobierno estima en el Acuerdo con el
FMI una caída sostenida del déficit en cuenta corriente
de la balanza de pagos, el cual se reduciría de 6.0% en 1998 a
5.1% del PBI en 1999, para luego alcanzar tasas de 5.0% y de 4.8% para
los años 2000 y 2001, respectivamente (como porcentaje del PBI).
Fundamentalmente, la reducción sostenida de este déficit
se sustenta en el crecimiento significativo proyectado del sector exportador
en el periodo considerado.
En el sector monetario, se plantea una meta de inflación de entre
5% y 6% para el año 1999, cuando en 1997 y 1998 fue de 6.5% y 6.0%,
respectivamente. Asimismo, el Acuerdo propone alcanzar tasas de inflación
internacional en los años 2000 y 2001 (4% y 3%, respectivamente).
Cabe mencionar que en el segundo Acuerdo de Facilidad Ampliada, correspondiente
al periodo 1996-1998, se había propuesto igualmente alcanzar a
fines de dicho periodo tasas de inflación similares a las mostradas
por los países industrializados. En este sentido, se reafirma que
el programa monetario se basa en un objetivo de inflación, para
lo cual el BCR seguiría utilizando la base monetaria como meta
intermedia para controlar el crecimiento de la oferta monetaria, tanto
en moneda nacional como en moneda extranjera (el encaje continuaría
siendo el instrumento), así como para proveer de un adecuado nivel
de la liquidez al sistema financiero.
Dentro de las reformas estructurales, destacan los puntos concernientes
a las privatizaciones y concesiones, así como lo referente al gasto
social (educación y salud). El gobierno tiene previsto obtener
ingresos por US$ 800 millones durante 1999, a través del programa
de concesiones y privatizaciones. Sin embargo, esta cifra asume que los
objetivos programados se cumplirían en su totalidad, lo cual podría
no realizarse finalmente dado lo avanzado del año y la cautela
que mostrarían aún los agentes externos con respecto a los
flujos dirigidos a los mercados emergentes, por lo que los ingresos obtenidos
serían menores. Como consecuencia, sería difícil
lograr el incremento estimado de US$ 400 millones en las reservas internacionales
netas para 1999 según las proyecciones oficiales, al ser menor
el ingreso esperado de capitales externos por concepto de privatizaciones
y concesiones.
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CONTENIDO
PRESENTACIÓN
Evolución de la economía peruana en 1998,
perspectivas para 1999 y los acuerdos con el
Fondo Monetario Internacional en la presente década
Elmer Cuba - MACROCONSULT
Síntesis del debate en el Consorcio
Juan Nunura
PRESENTACIÓN
EVOLUCIÓN DE LA ECONOMÍA PERUANA EN 1998
Y PERSPECTIVAS PARA 1999
Elmer Cuba
MACROCONSULT
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