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falta de competitividad, debido a que hemos permanecido como
una economía cerrada hasta principios de los noventa,
es una de las principales restricciones[1]
al crecimiento económico de Perú. La competitividad
no es sólo algo pertinente para la producción
exportable, es de importancia creciente para la producción
orientada al mercado interno que debe competir con las importaciones.
Asimismo, permite acelerar el crecimiento, lo cual junto con
políticas adecuadas, eleva la disponibilidad de recursos
para transformar productivamente las regiones y segmentos
atrasados de la economía peruana fortaleciendo la inclusión
social. ¿Cuáles han sido, en esta materia, las
propuestas de los partidos que encabezan las encuestas electorales?
La mejora de la competitividad depende del
crecimiento de la productividad (a través de la influencia
de la educación y formación), la mejora de la
salud, la innovación tecnológica, la estabilidad
de las reglas macroeconómicas y una institucionalidad
favorable. En Perú, la competitividad depende particularmente
de los diferentes factores que influyen sobre la organización
y estrategia de las empresas y su productividad, tales como:
1) infraestructura productiva para la competitividad; 2) acceso
a innovaciones tecnológicas; 3) mejora de la formación
laboral y gerencial en la empresa; 4) apoyo al desarrollo
de conglomerados y cadenas productivas; 5) ampliación
y penetración de mercados externos y acuerdos comerciales;
6) cláusulas de reajuste de salarios según aumento
de la productividad; 7) apoyo al aumento de la productividad
en la micro y pequeña empresa; 8) el desarrollo de
servicios de capacitación e innovación para
explotaciones de baja productividad; 9) un poder judicial
confiable, y otros factores relevantes.
Unidad Nacional ha planteado, al amparo de
un rol regulador y promotor del Estado, una política
de apertura intensiva para duplicar las exportaciones durante
su administración, suscribiendo tratados de libre comercio
con las mayores economías del mundo, junto con una
reducción de aranceles y un impulso a la competitividad
de las empresas. A ello se le suma un programa de concesiones
al sector privado para elevar la inversión y mejorar
la infraestructura para la competitividad - que beneficiará
además a la agricultura – con la restricción
de que los países vecinos no podrán invertir
en puertos, por razones de experiencia y tecnología.
Enfatiza además un plan para formalizar las MYPES,
líneas de crédito para las mismas y reducción
de trabas burocráticas. Propone también un seguro
universal en materia de salud, con participación del
sector privado. En educación se plantea aumentar el
número de horas de clase, reestructurar la carrera
magisterial con un nuevo escalafón, y elevar anualmente
en 0.5% del PIB los recursos para educación. Se propone
también una reforma del estado, de la administración
de justicia, y una ampliación de la base tributaria
– formalización - para elevar los ingresos tributarios.
Unión por el Perú ha criticado
el TLC con EEUU y ha planteado la necesidad de efectuar un
referéndum o que el próximo Congreso sea el
que lo apruebe. También ha propuesto desarrollar los
mercados internos, a través de infraestructura productiva
y otras medidas, para integrar los segmentos postergados de
Perú al crecimiento. Este enfoque permitiría
elevar la productividad de los segmentos postergados. De acuerdo
a este planteamiento, poner el énfasis en los mercados
internos no es conflictivo con continuar del esfuerzo exportador,
porque supone que los aumentos de productividad en segmentos
postergados contribuirá positivamente a la exportación.
Unión por el Perú ha hecho un llamado para que
todos los empresarios se sumen a su proyecto, sin temores,
porque considera que no afectará a las empresas privadas.
Ha propuesto también el llamado a una Asamblea Constituyente
para modificar la Constitución – lo que podría
acarrear cambios en el ámbito de competitividad.
El APRA ha propuesto generar las condiciones
para acelerar la inversión y el empleo - lograr el
grado de inversión[2]
para Perú, impulsar el desarrollo agro-exportador de
la sierra (transformando 150 mil hectáreas para dicho
propósito) promover la formalización y la titulación
de predios para fomentar el acceso al crédito. También
ha señalado la necesidad de una discusión amplia
del TLC con EEUU antes de ser aprobado en el Congreso. El
APRA rechaza el libre mercado puro y plantea la necesidad
de políticas concretas en diferentes frentes –
competitividad, inversión, empleo, políticas
sociales, etc. – para que la población perciba
efectivamente los beneficios del crecimiento. El APRA ha enfatizado
la necesidad de una reforma al sistema político, para
terminar con la falta de credibilidad y corrupción
y lograr una estabilidad política que facilite el proceso
de inversión y desarrollo.
El Frente de Centro ha planteado un modelo
de desarrollo descentralizado, integrado y exportador –
para impulsar la inversión, la mejora de la productividad
y competitividad y un desarrollo descentralizado e integrado.
El Frente da mucha importancia a los avances en materia de
educación e innovaciones para la competitividad –
así como a las concesiones para inversión en
infraestructura – aunque cuidando los aspectos de seguridad
en los puertos. Para realizar propuestas en este y otros temas
el Frente invoca al Acuerdo Nacional. El Frente está
de acuerdo con el TLC, con la condición de que se lleve
a la práctica las medidas compensatorias para los afectados.
Propone una profunda reforma del estado, con énfasis
en la reforma de la educación y mejora de su calidad;
reforma de la salud, de la justicia y de la lucha contra la
corrupción. Plantea una racionalización tributaria
- un pacto fiscal – orientada a la ampliación
de la base de recaudación que permita elevar la presión
tributaria de 14% a 18%. Se sugiere además la extensión
del plazo de la ley que reduce transitoriamente los costos
laborales para las MYPES. Ha sugerido esclarecer si es necesaria
o no una reforma de la constitución. En caso que lo
fuera, se buscaría no afectar a los articulados económicos.
Por consiguiente, el tema competitividad está
presente en las propuestas de Unidad Nacional y Frente de
Centro, en mucho menor medida en el caso del APRA, y casi
ausente en Unión por el Perú. Los primeros presentan
enfoques de carácter general y no un planteamiento
detallado, concreto y articulado, tal como en las experiencias
exitosas de países emergentes de Asia y América
Latina.
Entre las razones que podrían explicar
por qué los principales partidos no prestan suficiente
atención a la competitividad, cabe señalar cuatro.
El primero es que el debate electoral actual en Perú
no gira en torno a temas como la competitividad y descansa
más en imágenes, adjetivos, búsqueda
de adhesiones por identificación, y anuncios electrizantes.
La segunda es la falta de información o que los principales
partidos no han alcanzado a elaborar, todavía, un plan
completo que integre el ámbito competitividad como
uno de los pilares de una estrategia de desarrollo. La tercera
razón se deriva de las anteriores: dado el bajo nivel
del debate electoral, el planteamiento de una estrategia de
competitividad no sólo es innecesario si no riesgoso
– es un frente más que se abre para un carga-montón
sin ninguna racionalidad. La cuarta razón tiene que
ver con el escenario económico actual. En el periodo
2003-2005, Perú se ha beneficiado de la rápida
expansión de la demanda por sus exportaciones, particularmente
de las primarias, generando un entorno externo favorable.
Algunos economistas, dan por descontado que se mantenga esta
situación favorable por lo cual no se preocupan demasiado
por la competitividad. La información disponible indica
que es muy baja la probabilidad de que en el periodo 2007-2011
se mantenga el ritmo acelerado de expansión registrado
en 2002-2005. Los equipos de los partidos políticos
harían muy bien en no adoptar como un dato las tendencias
pasadas, y plantear, desde ahora, una estrategia de competitividad
que le permita a Perú seguir expandiéndose aceleradamente,
diversificando sus exportaciones y su producción competitiva,
aún en un contexto externo menos favorable.
[1] Inestabilidad política,
insuficiencia de ahorro; debilidad en decisiones privadas
de inversión; escasa capacidad para el manejo de grandes
proyectos; etc.
[2] Calificación que indica que un país
sea solvente, equilibrado, con capacidad para pagar todas
sus deudas en el largo plazo (n.e.)

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