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cada sol adicional recaudado por la Apafa de una escuela pública,
dicha escuela recibe 15 soles más por alumno de parte
del Estado. Esto se explicaría porque a mayor recaudación
de la Apafa, los padres son de mayor nivel socioeconómico,
y por lo tanto tienen mayor capacidad de influir en la burocracia
educativa. Esta desigualdad en el acceso a recursos para la
educación es una de las razones para reformar los procesos
de asignación del gasto público en educación.
Estos resultados fueron hallados en un estudio
realizado con datos del año 2001. En esa época
el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) ejecutaba
el gasto público en educación a través
de organismos de nivel intermedio, llamados Unidades Ejecutoras
(UE) Estas, a su vez, transferían los recursos a los
propios centros educativos.
El gasto público por alumno disminuye
a medida que aumenta el número de alumnos por aula,
lo cual indica que el sistema de asignación del gasto
en educación no considera el aumento de los alumnos
matriculados. Así, una escuela con un promedio de 10
alumnos más por aula recibirá en promedio 16%
menos recursos por alumno. Por otro lado, si tomamos en cuenta
solo el gasto que efectivamente controlan las UE (es decir
excluyendo las remuneraciones, las cuales son fijas), la asignación
del gasto resulta ser muy centralista: las escuelas en Lima
reciben en promedio 102% más por alumno que las escuelas
de provincias.
En el nivel de las UE también existe
un sesgo centralista en la asignación del gasto. Las
UE de Lima tienen en promedio 138% más de presupuesto
que las UE del resto de departamentos. Asimismo, la asignación
de recursos no está en relación a las necesidades
de los departamentos, y por lo tanto, no es equitativa: los
departamentos con mayor índice de pobreza reciben menos
recursos del Estado. Por otro lado, las variables organizacionales,
como el número de UEs y de Direcciones Regionales,
sugieren que hay ganancias en la centralización del
gasto en el nivel regional: a mayor número de UEs por
departamento se ha encontrado que el gasto por alumno disminuye.
Por ejemplo, si consideramos los recursos que llegan efectivamente
a las escuelas y que controlan las UEs, por cada UE adicional
en un departamento el gasto por alumno en él se reduce
en 8%.
En consecuencia se necesita una reforma de
los procesos de asignación del gasto público
en educación y, particularmente, de su estructura organizacional.
Esta reforma debe simplificar la asignación del gasto
y buscar una mayor participación de la escuela y la
comunidad en la asignación del gasto. En primer lugar
se deben incluir, explícitamente, criterios de asignación
que tengan en cuenta la búsqueda de equidad y las carencias
educativas, a diferencia de la distribución actual
que es muy inequitativa. En segundo lugar se debe reforzar
la participación de los padres de familia en las escuelas
de las zonas más pobres, a través de la Apafa
o algún órgano similar, para mejorar su capacidad
de organización frente a la burocracia local. Finalmente,
para realizar una verdadera descentralización del sector
educativo, no basta transferir funciones sino reducir la preponderancia
de Lima en la asignación del gasto educativo. Una meta
razonable sería equiparar el gasto por alumno de las
regiones con el departamento de Lima, considerando las carencias
educativas y los niveles de pobreza de las diferentes regiones.
[1] Artículo basado
en el estudio “La inversión pública en
la educación: proceso de asignación y determinantes
del gasto por alumno”. Puede descargar la versión
completa desde http://www.consorcio.org/programa2002.asp.
También puede descargar un resumen del estudio en http://www.consorcio.org/CIES/html/pdfs/bol54/01jaramart.pdf

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