| El
pasado 6 de mayo el Congreso aprobó la Ley de Creación
del Sistema y del Centro de Planeamiento Estratégico
del Perú (CEPLAN). Se cerró así un prolongado
debate que se inició en los años 2001 y 2002
y que quedó plasmado en la quinta política de
Estado del Acuerdo Nacional. En esos momentos, todas las fuerzas
políticas, las principales instituciones de la sociedad
civil y el Gobierno plantearon la necesidad de reinstalar
un sistema de planeamiento estratégico en el país
con un enfoque moderno e incorporando los avances técnicos
y participativos de las últimas décadas. La
comisión de alto nivel, que tuve el honor de presidir,
elaboró un anteproyecto de ley que, luego de una amplia
y democrática consulta, fue aprobado por el Consejo
de Ministros, y el 28 de julio del 2004 presentado al Congreso
por el propio presidente de la República.
La ley aprobada mantiene algunas de las orientaciones
básicas que propuso la comisión. Los alcances,
objetivos, finalidad, funciones y organización de las
instancias del sistema de planeamiento muestran: (i) una clara
orientación hacia la construcción de una visión
de futuro compartido; (ii) el uso de metodologías participativas
para recoger las propuestas de regiones, sectores, sociedad
civil y sector privado; (iii) el énfasis en el carácter
estratégico (y no coyuntural, circunstancial o secundario)
de los temas y aspectos por investigar, trabajar y resolver;
(iv) la voluntad de convertir el planeamiento del desarrollo
local y regional en el eje del planeamiento nacional, lejos
del enfoque sectorial y centralista del pasado; (v) el establecimiento
de un efectivo sistema de seguimiento y evaluación
que acabe con la promesa fácil y la letra muerta; (vi)
la utilización de toda la capacidad de investigación
y análisis de la academia e intelectualidad nacional
e internacional; (vii) el compromiso con el logro de un desarrollo
sostenible en el plano económico, social, político
y ambiental. Hasta allí los pasos para adelante.
Sin
embargo, algunos congresistas no lograron valorar la calidad
de las propuestas y del trabajo de la comisión que
no solo recogió experiencias internacionales importantes,
sino que contrató expertos nacionales y extranjeros
de reconocida trayectoria, realizó seminarios con funcionarios,
empresarios, profesionales y dirigentes populares, y llevó
a cabo innumerables reuniones con los principales gremios
laborales y empresariales del país. En ese trabajo
se reunieron ideas y planteamientos que consideraban tanto
las necesidades del país como las exigencias que plantea
el siglo XXI. En total se dedicaron más de 9.700 horas
de trabajo para elaborar el proyecto de ley que, sin mayor
conocimiento y sin mayor análisis, fue modificado en
dos aspectos sustanciales.
El primer cambio es haber incluido a delegados
de los partidos políticos en el Consejo Directivo (órgano
de decisión) del Sistema y del Centro de Planeamiento
Estratégico del Perú, introduciendo así
un factor de inestabilidad política en un organismo
eminentemente técnico. Con esto se confunde la función
y el carácter de los poderes Ejecutivo y Legislativo.
El anteproyecto de ley consideraba que la presencia de los
partidos en el CEPLAN se daría de manera indirecta,
ya que en su consejo directivo participan presidentes regionales
y alcaldes elegidos por el pueblo. La necesidad de los partidos
políticos de alimentarse de los estudios del CEPLAN
y de alcanzar a este sus propuestas estaba contemplada en
la creación de un mecanismo ad hoc: una comisión
consultiva política con reuniones quincenales o mensuales.
El
segundo cambio ha sido introducir una duplicidad entre el
Sistema y del Centro de Planeamiento Estratégico del
Perú y el Consejo Nacional de Descentralización
(CND) en materia de planeamiento estratégico. Recordemos
que cuando se cerró el INP, sus funciones se trasladaron
al Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) y luego
se repartieron a la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM)
y el CND. En la elaboración del anteproyecto, tanto
el MEF como la PCM aceptaron transferir sus atribuciones al
CEPLAN, pero el CND se resistió hasta el final.
Más adelante, en la versión
que el presidente presentó al Congreso se respetó
este mismo principio de no duplicidad de funciones. Sin embargo,
la ley aprobada no respeta ese principio y se proponen dos
cabezas al frente del sistema.
Esperemos que el Congreso recapacite en estos
dos pasos para atrás y se ponga de acuerdo con el Ejecutivo
para que el país cuente con la función básica
de planear y lograr su futuro compartido.
[1] Miembro del Consejo Nacional
de Educación (CNE) y ex presidente de la Comisión
organizadora del CEPLAN

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