Los
ganadores de la concesión del puerto de Matarani al
sector privado, realizado en agosto de 1999, son el gobierno,
el concesionario del puerto y los consumidores. El aumento
de la carga en el terminal portuario de Matarani ha sido en
total de 350 mil toneladas métricas desde la concesión
(1160 mil toneladas en 1999 respecto de 1510 movilizadas en
2002). Por otro lado, los perjudicados son los trabajadores
del puerto y los usuarios intermedios del puerto. Matarani
es el único puerto privatizado en el Perú, de
ahí la importancia de proponer una metodología
de evaluación aplicable a otros procesos de transferencia
o concesión de empresas públicas al sector privado.
El contrato de concesión de Matarani
fue suscrito entre el Estado peruano y la empresa Terminal
Internacional del Sur S.A. (TISUR S.A.) La oferta ganadora
estuvo constituida por un pago inicial de US$ 9,68 millones
y compromisos de inversión en infraestructura y equipo
por US$ 7,85 millones, durante los primeros cinco años
de la concesión. Se estipuló una retribución
mensual al Estado equivalente al 5% de sus ingresos brutos
y un 1% adicional destinado a OSITRAN, organismo encargado
de la supervisión del contrato.
El efecto total en el bienestar de la economía
alcanza los US$ 14 millones sólo entre 1999 y 2009,
que es el periodo de análisis del estudio, siendo 30
años el plazo total de vigencia de la concesión.
El mayor beneficiado es el gobierno que recibe un 40% de esta
cifra, seguido de los consumidores cuyo beneficio es equivalente
a la tercera parte del total y finalmente el concesionario
que recibe una cuarta parte.
En contraste, el grupo de trabajadores de
Matarani es el más perjudicado debido a la reducción
de sueldos y salarios, al incremento de la jornada laboral
y a la reducción de la estabilidad. En este sentido,
es necesario que la concesión incluya algún
mecanismo que permita compensar adecuadamente a los trabajadores.
Un segundo tema es el fomento de la libre
competencia. El criterio de selección utilizado en
la concesión, la mayor oferta económica por
encima de un precio base, persigue más un objetivo
fiscal que la búsqueda de mayor eficiencia portuaria.
El modelo de concesión de Matarani está basado
en el fomento de la competencia al interior del puerto (mediante
la separación de servicios, algunos exclusivos del
operador y otros sometidos a libre acceso) tanto como en el
fomento a la competencia con otros puertos. En el contrato
no se prohibió la integración del concesionario
con sus empresas vinculadas, lo cual es potencialmente problemático
ya que en la práctica éstas tienen una importante
presencia en diferentes servicios prestados en el puerto.
En ese sentido, una pregunta relevante es en qué medida
hubiera sido preferible algún esquema en el cual la
integración efectiva sea más transparente y
pueda ser objeto de supervisión por parte del regulador.
El saldo final de la concesión es positivo.
Gracias a ella se generaron cambios importantes en el funcionamiento
del puerto de Matarani: mayor eficiencia, calidad de los servicios
e incrementos en las ventas y utilidades de la empresa. La
clave estaría en la nueva lógica comercial implementada
por el concesionario, acompañada de esfuerzos para
aumentar la carga a través de otras fuentes y de las
inversiones realizadas para hacer más atractivo el
puerto.
En suma, es necesario que la concesión
incluya algún mecanismo que permita compensar adecuadamente
a los trabajadores. Asimismo se recomienda tener cuidado en
diseñar mecanismos para generar competencia y evaluar
qué tan intensa resulta ésta en realidad.
[1] Resumen del documento titulado
“La concesión de los puertos en el Perú:
¿quién ganó y quién perdió
con la concesión del puerto de Matarani?” Puede
descargar un resumen más amplio del presente estudio
en:
http://www.consorcio.org/CIES/html/pdfs/bol54/06alclov.pdf
O acceder al documento completo en: http://www.consorcio.org/programa2002.asp

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