Lima 24/ 03/ 04
Educación de adolescentes en emergencia
Manuel E. Bello[1]
Investigador de la UPCH

Los adolescentes peruanos actuales han recibido la peor educación posible, no sólo por el deterioro y la precariedad del sistema escolar (público y privado), sino porque ellos han crecido –entre 1986 y 2004- en un país gravemente afectado por la crisis económica, la inequidad, el conflicto armado interno, la intolerancia política, la corrupción y el envilecimiento de los principales medios masivos de difusión escrita y audiovisual. Aunque a menudo lo olvidemos, el contexto político y social es el marco y el contenido principal de la educación de los niños y jóvenes.

Los resultados de esa educación escolar y social se expresan de muchas maneras. Las recientes evaluaciones nacionales e internacionales de aprendizajes han mostrado que nuestros jóvenes no son capaces de usar provechosamente herramientas culturales tan esenciales como la lectura, la escritura y la matemática. En la prueba internacional PISA aplicada en 2001, 54,1% de los adolescentes peruanos se ubicaron en el nivel 0 (cero), es decir por debajo del nivel mínimo de rendimiento previsto en la escala; al mismo tiempo, solo 6% respondieron en un nivel aceptable o superior. Con estos resultados, los estudiantes peruanos de 15 años se ubicaron muy por debajo de sus pares de los otros países latinoamericanos participantes en PISA. En ésta y otras pruebas, el desempeño de los estudiantes pertenecientes a las familias más pobres y vulnerables es mucho peor que el promedio y sólo puede ser calificado como alarmante.

Pero quizá son aún más graves otras manifestaciones de la crisis de la educación peruana: el desarraigo de cientos de miles de adolescentes que hubieran preferido nacer en otro país y sueñan con emigrar; la desesperanza de la mitad más pobre de los jóvenes y la alienación de aquellos privilegiados que han crecido en guetos autosuficientes y protegidos, pero de espaldas a su propio país, desconectados de la diversidad y la complejidad de la vida de sus compatriotas.

Por todo lo dicho, nada es más urgente en la llamada “Emergencia Educativa” que recuperar a nuestros adolescentes, antes que sea demasiado tarde. Se puede –y se debe- actuar de inmediato para permitirles el acceso a la satisfacción de necesidades básicas de aprendizaje; para devolverles la esperanza y la identidad de peruanos; para incorporarlos a la vida adulta mejor preparados para la convivencia social; para acogerlos como ciudadanos y productores en condiciones de ejercer sus derechos y obligaciones.

Los profesores que enseñarán este año 2004 en las aulas de cuarto y quinto año de secundaria de los colegios de todo el Perú –públicos y privados- tienen por delante el gran desafío de hacer una diferencia en esta última etapa del largo recorrido escolar de sus estudiantes. Pueden lograrlo si concentran su atención docente en los aprendizajes escolares y sociales fundamentales de los adolescentes. Pero en esta grave tarea ellos necesitan contar con el apoyo de los directores, la orientación de los especialistas del sector Educación y de expertos de otras instituciones públicas y privadas de todo el país, la ayuda de los medios de comunicación, además del respaldo de los gremios profesionales y empresariales y las autoridades locales y regionales.

El Ministerio de Educación tiene la obligación de actuar de inmediato para generar conciencia pública de la gravedad de esta situación y convocar a las instituciones comprometidas con la educación y con el futuro del país, para emprender toda clase de iniciativas –dentro y fuera del sistema escolar, público y privado- orientadas a la recuperación, la reparación, el encuentro, el desarrollo y la integración de la actual generación de adolescentes peruanos. Un aspecto político central en este esfuerzo es la ampliación y estricta regulación de una oferta de estudios post-secundarios que atraiga, motive y prepare eficazmente a los jóvenes en su camino de inserción a la vida productiva y ciudadana.

En la actual situación de emergencia de la educación, tanto los profesores organizados como el Ministerio de Educación están moralmente obligados a encontrar el camino para asegurar el uso efectivo y apropiado de todas las horas del año escolar, evitando interrupciones que perjudicarían a los adolescentes, niños y niñas, dañando aún más la condición educativa de los estudiantes más pobres y vulnerables.

Salvemos a nuestros adolescentes de la marginalidad y al Perú de un nuevo ciclo de miseria y de violencia social.

[1] Decano de la Facultad de Educación de la Universidad Peruana Cayetano Heredia.