Desde
hace más de cuatro décadas los diagnósticos
y las políticas agrarias de los sucesivos gobiernos
prácticamente han sido las mismas. Sin duda, ha habido
algunas variaciones de énfasis debido a circunstancias
climáticas o de mercado, o por argumentos que entraban
de moda en el argot agrícola, por ejemplo recientemente
el caso de las cadenas productivas. Ello nos señala
sin duda, que en todo este tiempo se han dado avances en algunos
temas y retrocesos en otros, pero lo que no ha habido son
políticas coherentes.
En los últimos años, al igual
que en los sectores sociales, están de moda los mecanismos
de concertación y participación de los agentes
económicos en el diseño de políticas,
en especial aquellas que los afectan. En ese contexto, ha
surgido el Consejo Nacional de Concertación Agraria
(Conaca), ente de participación mediante el cual se
sientan en una mesa representantes del gobierno y de los diversos
gremios de agricultores con el propósito de realizar
diagnósticos y encontrar soluciones comunes.
Así, se han discutido, ofrecido, aprobado
y casi nunca cumplido aspectos como, desarrollar un regimen
tributario sencillo, seguridad jurídica de las tierras
de los beneficiarios de la reforma agraria, viabilizar el
rescate financiero agropecuario, mayor protección al
sector, reducción del IGV, arancel cero para los insumos
y bienes de capital de uso agropecuario, entre otros; temas
que sin duda han estado en la agenda de los Ministros del
Sector de los últimos gobiernos.
Empero, como los productores agropecuarios
no ven que se concreten los acuerdos o sus pedidos, recurren
a diversos mecanismos de presión y como resultado de
tales acciones logran modificar la política del gobierno.
Así, recientemente se ha conseguido bajar el IGV por
la venta del arroz. Del mismo modo, grandes empresas agropecuarias
ejerciendo otros tipos de “presión” consiguen
también subir la sobretasas a ciertos productos, como
es el caso de los aceites vegetales. Todos estos actos nos
muestran, que al igual que en épocas pasadas, son los
grupos de poder del sector quienes deciden cual es la política
a seguir, y no el gobierno, que no entiende como se desarrolla
el mercado social del sector agrícola, y por tanto,
se ve en el medio de diversos corrientes de opinión
o enfoques, muchas veces contradictorios, no sabiendo finalmente
cual es la decisión correcta. Lo lamentable de esta
situación, es que se da una alianza estratégica
implícita entre las fuerzas políticas de orientación
socialista, los grupos de poder económico y los agricultores
ineficientes, alianza que va en desmedro de los consumidores,
quienes no sólo tienen que pagar precios más
altos por los productos alimenticios que compran, sino también
deben financiar mediante sus impuestos, los créditos
a los agricultores.
Debe quedar claro que la actividad productiva
es un negocio, y por tanto debe tener una escala de producción
que le permita lograr una rentabilidad adecuada. Si no es
así, el agricultor propietario de la tierra debe ser
sustituido, ya sea en la propiedad o en la gestión
de la actividad agrícola. En este contexto, recientemente
se han apreciado en el sector actividades de éxito,
fundamentalmente ligadas al sector exportador, aunque también
hay experiencias vinculadas al mercado interno. La clave del
éxito está en lograr unidades productivas de
tamaño suficientemente grande que permitan generar
un proyecto agrícola con un buen análisis de
mercado, por lo que será posible acceder al crédito,
conseguir asistencia técnica sin participación
del gobierno, pagar el crédito y distribuir utilidades.
Se puede argumentar que solo ciertas zonas
y productos, y por tanto, ciertos agricultores pueden tener
la posibilidad de desarrollarse en esa dirección. De
ser ello cierto, la política agraria dirigida a zonas
de menos ventajas comparativas debería estar orientada
a: generar unidades agrícolas rentables (primera y
más importante política); conceder créditos
atados a seguros que cubran la inversión sólo
a estas unidades; generarles acceso a mercados nacionales
o internacionales. Esas deben ser las tareas centrales de
los funcionarios que trabajan en oficinas del sector a lo
largo del país. Paralelamente a ello, dada la descapitalización
del agro, debería haber arancel cero para todo lo que
se refiere a bienes de capital. Sólo después
de haber logrado desarrollar lo señalado, se podría
aplicar bandas de precios, o cualquier otro tipo de protección
a los productores agrícolas.
[1] jvera@esan.edu.pe

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